La
medición del miedo al delito
Por
Emilio Pérez Martínez
Existen instrumentos
para medir la delincuencia y el miedo al delito: encuestas de victimización,
estudios de delincuencia auto-revelada (preguntar a los individuos si se han
visto involucrados en conductas delictivas) o estadísticas oficiales de delitos
registrados. Pero pueden surgir diversos problemas a la hora de medir el miedo
al delito: el acuerdo en la definición de un tipo de delito (no todos los
individuos entienden el delito de la misma manera) y el uso de herramientas
para medir poco precisas. Además, hay que tener en cuenta que la tipificación
de un delito es diferente según la legislación de cada país, y las diferencias culturales y sociales.
Las estadísticas
policiales no son un medio suficiente para medir la delincuencia, no es que
carezcan de validez, pero es necesaria que se complemente con otros mecanismos,
por ejemplo, con las encuestas de victimización: preguntar directamente a la
población sobre sus experiencias con el delito. Este tipo de encuestas se han
convertido en la actualidad en la principal fuente de información para la
medición del delito.
Junto a las encuestas
de victimización existe otro tipo de herramienta que posibilita medir la
delincuencia, como son los estudios de auto-revelación. Se focaliza sobre un
determinado segmento de población y unos delitos muy concretos. Estas dos
herramientas, junto con las estadísticas policiales sobre delitos registrados,
se convierten en el mejor método para medir la delincuencia, según la opinión
general de los criminólogos. Pero, como he dicho antes, los resultados no se
pueden comparar con otros países por las cusas arriba mencionadas.
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