jueves, 26 de marzo de 2015

La medición del miedo al delito
Por Emilio Pérez Martínez
Existen instrumentos para medir la delincuencia y el miedo al delito: encuestas de victimización, estudios de delincuencia auto-revelada (preguntar a los individuos si se han visto involucrados en conductas delictivas) o estadísticas oficiales de delitos registrados. Pero pueden surgir diversos problemas a la hora de medir el miedo al delito: el acuerdo en la definición de un tipo de delito (no todos los individuos entienden el delito de la misma manera) y el uso de herramientas para medir poco precisas. Además, hay que tener en cuenta que la tipificación de un delito es diferente según la legislación de cada país, y  las diferencias culturales y sociales.
Las estadísticas policiales no son un medio suficiente para medir la delincuencia, no es que carezcan de validez, pero es necesaria que se complemente con otros mecanismos, por ejemplo, con las encuestas de victimización: preguntar directamente a la población sobre sus experiencias con el delito. Este tipo de encuestas se han convertido en la actualidad en la principal fuente de información para la medición del delito.

Junto a las encuestas de victimización existe otro tipo de herramienta que posibilita medir la delincuencia, como son los estudios de auto-revelación. Se focaliza sobre un determinado segmento de población y unos delitos muy concretos. Estas dos herramientas, junto con las estadísticas policiales sobre delitos registrados, se convierten en el mejor método para medir la delincuencia, según la opinión general de los criminólogos. Pero, como he dicho antes, los resultados no se pueden comparar con otros países por las cusas arriba mencionadas.

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