sábado, 7 de marzo de 2015

Dignidad, honor y reinserción

Por Emilio Pérez Martínez y José Manuel Corrales. 

Es increíble la de atentados contra el honor y contra la propia imagen que se cometen  por las redes sociales.  Navegando por la nube es muy fácil toparse con algún meme, post o video que  pueden  dejar  en evidencia a una persona, vulnerar su dignidad, e incluso imputar un delito a alguien en menos que canta un juez, saltándose  a la torera el principio de presunción de inocencia.
Uno de los últimos  inventos para el estudio criminológico y que además, ha servido de  herramienta ciudadana para la lucha por la transparencia, ha consistido en crear páginas webs en las que se permite  conocer los delitos que se han cometido  en un área o distrito. Lo que tanta gracia no hace es que en  los casos de violencia sexual, es lícito publicar la información completa de un agresor; su imagen, su nombre y su domicilio, incluso habiendo cumplido condena. También vemos que se ha creado una polémica con la decisión del Tribunal de Justicia europeo sobre el llamado “derecho al olvido”. Si un usuario pide retirar el enlace de sus datos personales tiene legitimidad para hacerlo. Claro, algunos pueden pensar que a los pederastas (hayan cumplido su condena o no) les ha tocado la lotería. No es eso. Tendría que ser una medida que beneficie la privacidad de todos. ¿Alguien ha tenido en cuenta el daño que también tiene que soportar el entorno de ese pederasta?   

Algunas opiniones argumentan que la seguridad debe estar por encima del derecho al honor, y que muchas posibles víctimas, pueden encontrar, gracias a esta  herramienta un salvavidas, sin embargo, ¿hasta qué límites se puede vulnerar este  derecho? Bien es cierto que la reinserción para estas personas resulta muy difícil. Estudios revelan que entre  un 20% y un 40% de agresores, vuelven a cometer delitos de esta índole. Sin embargo, según el profesor de psiquiatría forense, José Antonio García Andrade, “el hecho de que sean psicópatas, no quiere decir que no deban ser tratados”.  El psiquiatra forense, Luis Borrás, aporta datos de un programa que se siguió en Cataluña que logró reducir del 18% al 5% el índice de reincidencia de estos delitos. Este método se basa en medidas psicoterapéuticas de choque e inhibiendo la testosterona, según revela este estudio. Pero además, conlleva una mejor vigilancia al agresor.  Y es ahí donde radica el problema, porque para poder construir una política penitenciaria efectiva, que tienda a la reinserción del individuo, es necesaria una mayor inversión tanto económica, en investigación, pero también en seguridad.


Vulnerar el derecho al honor de la persona, no va a hacer que la persona cometa menos delitos. Antes que dejarlo encerrado de por vida, o condenarlo a una segunda criminalización, se debe apostar porque este individuo vuelva a recuperar su personalidad civil y su dignidad. No se trata de defender a los pederastas, porque seguramente no se lo merecen. Pero hay personas, pocas, es cierto, que tienen derecho a  que no se les condene de por vida como si de una cadena perpetua se tratara.




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