Fomento
de la violencia, del miedo de la población, de la negación del derecho al
olvido, provocación de la reincidencia o cómo la justicia se lava las manos
publicando las fotos de unos delincuentes que ya cumplieron sus penas y
deberían por tanto reinsertarse en la sociedad como ciudadanos de pleno
derecho. No se trata de exculparles, si no de ofrecerles una nueva oportunidad
de enmendar sus errores. Se trata de reeducarlos, no castigarlos.
Que
España es uno de los países europeos con menos índice de delincuencia sorprende
al oírlo, y probablemente muchos lo desconocen, tal vez porque, por el
contrario, el índice de presos por habitantes es cada vez más alto, de los más
elevados de Europa (160 presos por cada 100.000 habitantes).
No entramos
en si la pena que cumplieron fue lo suficientemente larga, o si en ella se pudo
o se quiso reformar su persona, sino de cuánto se invirtió y dedicó a
conseguirlo. Penas más largas no ofrecen mejores hombres y mujeres a su salida,
si no puede que todo lo contrario. De hecho, penas más largas equivale más
gastos. La línea de dureza de las penas choca con la disminución paulatina de
los presupuestos destinados a este propósito. Más presos, menos dinero y una
reeducación insuficiente. El dinero que costaría mantener en la cárcel durante
más años a un preso podría utilizarse en beneficio de la sociedad, reinsertando
al delincuente. Sin embargo, nuestro país, tan latino como pasional, sigue
dejándose arrastrar por el afán de castigo y venganza mucho más que por el
pragmatismo y la responsabilidad.
No se
trata, sin embargo, de que los delitos queden impunes, si no de utilizar una
estancia en prisión de manera inteligente. Reinsertemos al ciudadano, que a
pesar de haber cometido errores, continúan siéndolo. Y permitámosle continuar
con su vida. De lo contrario, señalándole a cada paso, estigmatizando su
situación, tan solo encontraremos su reincidencia como única salida. Y habremos
hecho inútil su tratamiento en prisión, y habremos vuelto a tirar dinero
público a la basura.
Necesitamos
mejorar el sistema, de eso no hay duda, pero ¿alargar la pena es el camino? Tal
vez lo sea, pero solo porque sea necesario para su tratamiento, no porque
merezca una venganza mayor. Busquemos una solución para esos presos, y no solo
taparlos, esconderlos detrás de unas rejas para que no molesten, porque tarde o
temprano, volverán a la calle, y para entonces podremos tener nuevos ciudadanos
o presos sin nada que perder.
Míriam Garví Martínez
Míriam Garví Martínez
No hay comentarios:
Publicar un comentario