viernes, 13 de marzo de 2015

La complicada decisión entre el derecho y la venganza

Fomento de la violencia, del miedo de la población, de la negación del derecho al olvido, provocación de la reincidencia o cómo la justicia se lava las manos publicando las fotos de unos delincuentes que ya cumplieron sus penas y deberían por tanto reinsertarse en la sociedad como ciudadanos de pleno derecho. No se trata de exculparles, si no de ofrecerles una nueva oportunidad de enmendar sus errores. Se trata de reeducarlos, no castigarlos.
Que España es uno de los países europeos con menos índice de delincuencia sorprende al oírlo, y probablemente muchos lo desconocen, tal vez porque, por el contrario, el índice de presos por habitantes es cada vez más alto, de los más elevados de Europa (160 presos por cada 100.000 habitantes).
No entramos en si la pena que cumplieron fue lo suficientemente larga, o si en ella se pudo o se quiso reformar su persona, sino de cuánto se invirtió y dedicó a conseguirlo. Penas más largas no ofrecen mejores hombres y mujeres a su salida, si no puede que todo lo contrario. De hecho, penas más largas equivale más gastos. La línea de dureza de las penas choca con la disminución paulatina de los presupuestos destinados a este propósito. Más presos, menos dinero y una reeducación insuficiente. El dinero que costaría mantener en la cárcel durante más años a un preso podría utilizarse en beneficio de la sociedad, reinsertando al delincuente. Sin embargo, nuestro país, tan latino como pasional, sigue dejándose arrastrar por el afán de castigo y venganza mucho más que por el pragmatismo y la responsabilidad.
No se trata, sin embargo, de que los delitos queden impunes, si no de utilizar una estancia en prisión de manera inteligente. Reinsertemos al ciudadano, que a pesar de haber cometido errores, continúan siéndolo. Y permitámosle continuar con su vida. De lo contrario, señalándole a cada paso, estigmatizando su situación, tan solo encontraremos su reincidencia como única salida. Y habremos hecho inútil su tratamiento en prisión, y habremos vuelto a tirar dinero público a la basura.

Necesitamos mejorar el sistema, de eso no hay duda, pero ¿alargar la pena es el camino? Tal vez lo sea, pero solo porque sea necesario para su tratamiento, no porque merezca una venganza mayor. Busquemos una solución para esos presos, y no solo taparlos, esconderlos detrás de unas rejas para que no molesten, porque tarde o temprano, volverán a la calle, y para entonces podremos tener nuevos ciudadanos o presos sin nada que perder. 

Míriam Garví Martínez

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