La empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar
de la otra persona. ¡Y qué fácil es hacerlo con los buenos! Pero resulta muy
difícil, casi imposible, ponerte en la piel de los "malos" o de los
que no han actuado bien, correctamente o dentro de la ley. Esa tendencia
empática con aquellas personas que han sido víctimas de un delito es la que
propaga un sentimiento de venganza y endurecimiento de las penas, la que aboga
por el castigo y no por la reinserción. ¿Esto es justo? Puede que no, pero la
línea entre lo justo y lo injusto es tan fina y depende de tantos factores que
me lleva sin remedio a entender ese sentimiento "vengativo" asentado
en la sociedad española que solo busca, muchas veces, entender quién tiene el
derecho de decidir entre lo que es justo o injusto y manejar, como hilos de marionetas, los derechos fundamentales de los seres
humanos.
Nadie tiene la solución para acabar con la
delincuencia, si ya de por si cuesta reducirla. Y por supuesto que el resultado
no se obtendrá a base de política, que también es otro de los problemas, con
mayúsculas, arraigados en el derecho penal. Y es que la política está
decidiendo la justicia de un país, no se pelea por conseguir medidas eficaces y
justas sino que se vuelve a lo de siempre, se lucha por los votantes, y la
justicia empieza a decidirse mediante conjeturas y percepciones de una sociedad
que, ahora mismo, se ahoga en la incertidumbre.
No se debe compartir la venganza pero sí la
justicia. No se tiene el derecho de tomar la justicia por tu propia mano, pero
es un sentimiento compartido. Puede que endurecer las penas no sirva de nada o
puede que sí, que cambie algún detalle, alguna vida. Hay una frase que advierte
que no se debe aplicar el derecho o juzgar con el corazón sino con la cabeza,
pero eso, a mi parecer, sería dejar de ser personas.
Lucía Orts Sellers
Lucía Orts Sellers
Populismo punitivo y delincuencia juvenil
ResponderEliminarLas investigaciones sobre las actitudes públicas de los jóvenes siempre han estado presentes. Cuando preguntábamos a la sociedad sobre el castigo que se le debería imponer a los jóvenes por infracciones cometidas, la reacción casi siempre era la misma, los jóvenes, por su condición, eran más propensos a cometer delitos. Esto se ha desmontado gracias a la evolución de la propia sociedad y el conocimiento de nuestro sistema judicial, concretamente en lo que refiere a la juventud.
El conocimiento del funcionamiento del sistema de penas o delitos evidencia que la opinión pública se encuentra supeditada a la cantidad y calidad de información de la que dispone la comunidad. Cuanto mayor es el conocimiento ciudadano en el tema, menores son los juicios desfavorables hacia el sistema judicial juvenil, disminuyendo también las actitudes punitivas, puesto que hay multitud de factores a tener en cuenta para la medición de los delitos.
¿Por qué la ciudadanía reclama respuestas más severas para la delincuencia juvenil? En primer lugar, se debería tener en cuenta las variables que hacen que un joven sea objeto de una actitud contraria a lo que, según la sociedad, sería algo normal, un comportamiento acorde con su forma de pensar. Otras variables las podríamos encontrar en factores demográficos y personales. Dependiendo de la zona que vivas, de tus circunstancias personales, podrían llevarte a cometer un delito o no. Pero lo más importante es el desconocimiento que tiene la sociedad de las respuestas del sistema judicial español en cuanto a la delincuencia juvenil. Una mayor información sobre nuestro sistema jurídico debería encaminar las encuestas que se proponen a la comunidad sobre los delitos cometidos por los jóvenes.
Otro factor importante es la educación. No es lo mismo preguntar a una persona con escasos estudios que a otra que, por haber tenido recursos, está mejor formada. La pregunta que me hago es ¿Esto influye a la hora de dar respuesta ante algunas actitudes públicas de los jóvenes y sus consecuentes castigos?