Blanca Martín Luis
La publicidad, ¿herramienta o arma?
Resulta desmotivador encontrar
tal cantidad de anuncios y campañas contra la violencia y la prevención
criminal y observar su incorrecto
enfoque y la confusión que
provocan a la hora de transmitir el mensaje. Es curioso ver que en un intento
de informar y reducir la criminalidad, se crean y se refuerzan prejuicios,
estigmas, etc. La violencia y los crímenes no se pueden erradicar, existen demasiadas
variables que los crean. Sin embargo informando y concienciando a la gente se
puede disminuir.
Se supone que los gobiernos
contratan a las agencias publicitarias para llevar a cabo campañas éticas que
tengan un mensaje claro, que informen y que prevengan crímenes. El problema que
veo en relación a la contratación de las agencias publicitarias, es que a pesar
de realizar campañas anti-violencia de género, etc también son las creadoras de
campañas publicitarias sexistas y que escasean éticamente hablando. La mayoría
de los anuncios refuerzan unos iconos, sesgos y utilizan una simbología confusa
y en muchos casos dañina.
Esta publicidad se crea con la
intención de provocar un cambio en el comportamiento del individuo, ser una
herramienta preventiva y una transformación social que reduzca los niveles de
crímenes. Sin embargo, esta publicidad criminológica, que se dirige a
delincuentes y victimas potenciales, acaba siendo de carácter ineficaz, nociva
y contraproducente. No es eficiente, a menudo es mal interpretada, y presenta a
la mujer como el sexo débil, fortaleciendo así el tópico de que las mujeres son
más débiles.
El uso del humor y la pedagogía
tampoco ayuda a la campaña porque queda ensombrecido por la victimización
indirecta y el tan equivocado intento del uso icónico de una mujer bella
maltratada, olvidando a todas las demás, donde una gran cantidad de criminales
son negros, haciendo división y
fortaleciendo de nuevo la diferencia entre los seres humanos.
En realidad, entre la falta de
ética, la escasez de un mensaje directo y claro y el reforzamiento de los
antiguos prejuicios y estándares fijados hace siglos, las campañas son inútiles
y una perdida de tiempo y de dinero. En mi opinión queda bastante claro que el
problema reside en la base de la sociedad. Ahí es donde se debe emplear el tiempo y el dinero, enseñar
valores y principios a las generaciones más jóvenes y a las que van llegando como
una herramienta válida para poder reducir, prevenir y evitar el crimen y la
violencia.
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