Algunas de las campañas
orientadas a sensibilizar contra el crimen eligen lemas o motivos muy
poco apropiados, que pueden tener efectos totalmente contrarios a los
que se buscan. Entre ellas son especialmente reprochables aquellas
que culpabilizan a las víctimas del delito que se ha cometido. Se
desplaza la responsabilidad de prevenir el delito a las personas que
lo sufren, sugiriendo que ha ocurrido a causa de sus propias
acciones, sin tener en cuenta al verdadero culpable.
Un ejemplo es la campaña
del Pennsylvania's
Liquor Control Board
contra el consumo excesivo de alcohol. El cartel advierte sobre
beber demasiado con el riesgo de “tomar malas decisiones como irse
a casa con alguien que no conocen demasiado”. Es la mujer la que se
convierte a sí misma en víctima, por no tener cuidado. Además la
campaña ignora que la “juerga alcohólica” (“binge
drinking”) suele ser norma social para los jóvenes, y que
aquellos que no la siguen pueden ser considerados raros. En lugar de
atacar ese modo de ver las cosas se limita a culpar a los que las
aceptan, bajo la amenaza de convertirse en víctimas.
Otra muestra de este
error es la campaña anti-sexting canadiense “Respétate”
(Respect
yourself”,
Center
for Child Protection,
Canada 2005). El sexting es el intercambio de contenido,
especialmente fotos, de carácter sexual a través de teléfono móvil
e Internet. El cartel utiliza la frase “¿hasta donde llegarías
para llamar la atención?”. Implica que las chicas tienen la
responsabilidad del mal uso que se pueda dar a las imágenes que han
creado, ignorando la culpa de los que las muestran a personas que no
deberían haberlas visto. Ellas son las que “no se respetan a sí
mismas”, no aquellos que dan un mal uso a las fotos.
Como último ejemplo la
Oficina de Políticas de Igualdad de Gijon publicó
en 2013 un cartel con el eslogan “la incomunicación es la
fuente de toda violencia”. De nuevo la víctima es la que actúa de
forma incorrecta, la que no ha sabido comunicarse con el agresor y
por su culpa empiezan los problemas.
Hay muchas razones
diferentes por las que se culpabiliza a la víctima de un delito.
Puede ser para defendernos de la idea de que lo que le ha pasado nos
puede ocurrir a nosotros, si es culpa suya a nosotros no nos pasaría,
nosotros actuaríamos de forma diferente (Hipótesis de las
atribuciones defensivas). También está relacionado con la creencia
compartida de que vivimos en un mundo justo, en el que todos reciben
lo que se merecen, y si a alguien le pasa algo malo es porque ha
cometido un error o tiene algún defecto (Hipótesis del mundo).
Estas razones no sirven de justificación, son un triste recordatorio
de la clase de actitudes que tenemos que superar y vigilar en nuestra
propia sociedad.
Las campañas de
prevención del crimen tienen una especial responsabilidad a la hora
de cambiar la forma de ver los delitos por la sociedad. Sus supuestas
buenas intenciones no justifican los flagrantes errores que cometen,
perpetuando actitudes negativas y estereotipos. Y echarle la culpa a
la víctima, a una persona a la que la sociedad ha fallado, es
imperdonable.
Miguel Torregrosa Morales
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