Una
encuesta sobre el populismo punitivo y la delincuencia juvenil
revela que se piensa que la delincuencia juvenil forma de un 25% a un
50% del total (según el 48% de los encuestados) o superior al 50%
(según el 27,2%). También se piensa que va en aumento, hay mucha
reincidencia y es fundamentalmente violenta. La realidad es muy
diferente. Los detenidos juveniles son solo un 8,6% del total, la
delincuencia juvenil ha descendido en los últimos años, el
porcentaje de delitos violentos es del 35% y la reincidencia no
supera el 25-35%. Esta encuesta retrata una visión de la juventud
alejada de la verdad, que criminaliza a la juventud. Una visión
errónea que se utilizó como una de las justificaciones de la
reforma de la Ley 8/2006, que
endurece la reforma penal frente al menor que delinque, elevando
el tiempo de internamiento. Mientras tanto la encuesta permite ver
que la sociedad prefiere un sistema que favorezca la educación o
rehabilitación, más allá del mero castigo, y que se favorecen las
penas alternativas, especialmente si sirven como restauración a la
víctima o a la comunidad. La contradicción es flagrante, la ley se
basó en conseguir el apoyo del público, que estaba desinformado,
sin basarse en ningún tipo de estudio sobre lo que sería realmente
adecuado.
El estudio también
revela que el 88% de los encuestados piensa que los jóvenes son
menos respetuosos que hace 20 años. Además muestra que la
percepción que se tiene de la delincuencia juvenil de un 48,6% de
los encuestados proviene de las noticias de los medios de
comunicación, y que el trabajo del sistema de justicia de menores es
o desconocido o visto negativamente, considerado benevolente a pesar
de haber ido aumentando las penas en los últimos años. Estos datos
muestran el desconocimiento de la población sobre la situación real
de la delincuencia de menores, que ha sido utilizado y perpetuado por
políticos y medios de comunicación, de forma intencionada o no.
Los medios especialmente
tienen responsabilidad por la imagen negativa y estereotipada que se
da de la juventud. Un ejemplo es la etiqueta de “Nini” (ni
estudia ni trabaja). Se ha afirmado que un 24% de las personas entre
15 y 24 años no quieren estudiar ni trabajar, como si fuera algo
totalmente voluntario e independiente de la situación económica que
por el alto desempleo excluye a los que buscan trabajo, o por el
encarecimiento
de los estudios causado por el plan Bolonia (sin contar que
muchas de las familias que antes podían mantener a sus hijos durante
los estudios ahora tienen a todos sus miembros en paro). Y la
realidad es que solo
un 1,73% del total de los jóvenes son “ninis” por elección
propia, un porcentaje mucho menor que el que realmente se da a
entender. Y esta es solo la última de una larga
serie de etiquetas adjudicadas injustamente por los medios a la
juventud a lo largo de los años.
Medios, políticos y
sociedad tienen una responsabilidad en la visión equivocada de la
delincuencia juvenil, y si no se corrige el error se van a seguir
creando leyes basadas en una falsedad, todo por el bien de conseguir
unos votos más. Es una pérdida de tiempo y de dinero público que
no se debe mantener, pero la solución no está clara. Sin embargo un
buen principio sería una información más contrastada sobre este
tema en los medios, y una mejor publicidad del sistema de justicia
juvenil.
Miguel Torregrosa Morales
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