domingo, 5 de abril de 2015

Una imagen distorsionada de la delincuencia juvenil

Una encuesta sobre el populismo punitivo y la delincuencia juvenil revela que se piensa que la delincuencia juvenil forma de un 25% a un 50% del total (según el 48% de los encuestados) o superior al 50% (según el 27,2%). También se piensa que va en aumento, hay mucha reincidencia y es fundamentalmente violenta. La realidad es muy diferente. Los detenidos juveniles son solo un 8,6% del total, la delincuencia juvenil ha descendido en los últimos años, el porcentaje de delitos violentos es del 35% y la reincidencia no supera el 25-35%. Esta encuesta retrata una visión de la juventud alejada de la verdad, que criminaliza a la juventud. Una visión errónea que se utilizó como una de las justificaciones de la reforma de la Ley 8/2006, que endurece la reforma penal frente al menor que delinque, elevando el tiempo de internamiento. Mientras tanto la encuesta permite ver que la sociedad prefiere un sistema que favorezca la educación o rehabilitación, más allá del mero castigo, y que se favorecen las penas alternativas, especialmente si sirven como restauración a la víctima o a la comunidad. La contradicción es flagrante, la ley se basó en conseguir el apoyo del público, que estaba desinformado, sin basarse en ningún tipo de estudio sobre lo que sería realmente adecuado.

El estudio también revela que el 88% de los encuestados piensa que los jóvenes son menos respetuosos que hace 20 años. Además muestra que la percepción que se tiene de la delincuencia juvenil de un 48,6% de los encuestados proviene de las noticias de los medios de comunicación, y que el trabajo del sistema de justicia de menores es o desconocido o visto negativamente, considerado benevolente a pesar de haber ido aumentando las penas en los últimos años. Estos datos muestran el desconocimiento de la población sobre la situación real de la delincuencia de menores, que ha sido utilizado y perpetuado por políticos y medios de comunicación, de forma intencionada o no.

Los medios especialmente tienen responsabilidad por la imagen negativa y estereotipada que se da de la juventud. Un ejemplo es la etiqueta de “Nini” (ni estudia ni trabaja). Se ha afirmado que un 24% de las personas entre 15 y 24 años no quieren estudiar ni trabajar, como si fuera algo totalmente voluntario e independiente de la situación económica que por el alto desempleo excluye a los que buscan trabajo, o por el encarecimiento de los estudios causado por el plan Bolonia (sin contar que muchas de las familias que antes podían mantener a sus hijos durante los estudios ahora tienen a todos sus miembros en paro). Y la realidad es que solo un 1,73% del total de los jóvenes son “ninis” por elección propia, un porcentaje mucho menor que el que realmente se da a entender. Y esta es solo la última de una larga serie de etiquetas adjudicadas injustamente por los medios a la juventud a lo largo de los años.

Medios, políticos y sociedad tienen una responsabilidad en la visión equivocada de la delincuencia juvenil, y si no se corrige el error se van a seguir creando leyes basadas en una falsedad, todo por el bien de conseguir unos votos más. Es una pérdida de tiempo y de dinero público que no se debe mantener, pero la solución no está clara. Sin embargo un buen principio sería una información más contrastada sobre este tema en los medios, y una mejor publicidad del sistema de justicia juvenil.

Miguel Torregrosa Morales

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