Para una sociedad no solo es necesario
que el número de delitos disminuya, también que se reduzca el miedo a los mismos. Si
hay demasiado miedo el bienestar de los ciudadanos y su confianza en
los demás disminuye, afectando a su calidad de vida
independientemente de si realmente se producen tantos delitos como se
piensa. Por lo tanto las fuerzas de seguridad y los medios de
comunicación tienen la responsabilidad de evitar un temor desmedido
en la sociedad, un deber que se debe compatibilizar con sus otras
funciones de proteger y mantener informados a los ciudadanos
respectivamente.
Los
ciudadanos desean un cuerpo de policía que esté presente y visible
en su vecindario, listo para actuar ante cualquier situación y
conocido por los habitantes. Lo que se pide para reducir el crimen y
el miedo al mismo es la presencia de más oficiales en la calle, pero
este enfoque es una solución psicológica con resultados temporales
(porque persisten otras condiciones que provocan miedo al delito, y
los ciudadanos piden todavía más presencia policial) o incluso
contraproducentes (que haya más policías causa que el vecindario se
perciba como inseguro). En cualquier caso lo que se desea es la
cercanía de los agentes, una patrulla de a pie reduce el miedo al
delito mientras que una en coche tiende a aumentarlo.
El papel de los medios de comunicación
es claro. La cobertura exhaustiva que se hace de los delitos
violentos aumenta el miedo. Hasta qué punto es necesario para los
ciudadanos recibir tanta información sobre estos sucesos es una
cuestión discutible. Pero es indudable que el aumento de la
presencia de crímenes en los medios es una de las causas de que el
crecimiento del miedo al delito esté disociado de la criminalidad
real.
Al mismo tiempo algunos políticos
emplean el miedo al delito como arma política, impulsando reformas
en las leyes con el objetivo de ganar las elecciones en lugar de
conseguir una reducción real de la criminalidad.
Pero el mayor problema es la falta de
recursos. Se conocen medidas válidas para reducir el miedo al
delito, como el rediseño urbano para eliminar zonas de riesgo o la
cercanía y capacidad de mantener el orden de la policía. Pero estos
métodos requieren una inversión, que no siempre está disponible.
La eficiencia se pone por encima, la actividad de la policía se
centra en responder a los crímenes. Para conseguir solucionar el
problema social del miedo al delito es necesario que se tomen medidas
diferentes a las necesarias para prevenir el crimen, y esta es una
tarea que se debe llevar a cabo a todos los niveles.
Miguel Torregrosa Morales
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