martes, 28 de abril de 2015

¿Qué ocurre con los menores?



La pasada semana, lunes 20 de abril un estudiante de 13 años mató a un profesor en Barcelona. Este hecho tan inesperado, triste, como a la vez, mediático ha ocupado grandes espacios y portadas en los medios de comunicación durante varios días. Sin olvidar, por supuesto, las redes sociales. En definitiva, un acontecimiento que ha estado en boca de todos y que vuelve a abrir el debate de siempre: “¿Qué ocurre con los menores?

En este caso concreto, las cartas que se toman en el asunto tienen que ver con la orientación y la educación del menor, puesto que la Ley del Menor impide perseguir penalmente a los menores de 14 años. De alguna forma , lo que se refleja ante la sociedad es que existe una víctima y un agresor que queda impune de algún modo. Aún así, al tratarse de un menor, la gente entiende que lo importante es reorientar a esa persona para que pueda cambiar de actitud. Muchos estudios demuestran que la sociedad tiene una consideración diferente a la hora de penar a los menores de edad con respecto a los adultos [Populismo punitivo delincuencia juvenil: mito o realidad, Fernández Molina y TarancónGómez]. Sin embargo, la consecuencia directa de que un suceso tan atroz como este permanezca continuamente en los medios de comunicación es el aumento del miedo al delito y la creencia de que los crímenes juveniles aumentan.  Y es que una vez que estalla públicamente un delito juvenil de este calibre, las noticias que tienen relación con este tipo de actos empiezan a inundar las pantallas. Así en la misma semana del mes de abril en la cual ocurre este acontecimiento se publican distintos titulares: “Crece la cifra de infractores penales de menos de 14años”, “El 40% de delitos que lleva a los menores a un centro tienen que ver con los robos”, “Los jueces resuelven al año casi 900 casos de criminalidad juvenil”. Es lógico que esto produzca el efecto del que hablábamos antes y sin que sea cierto, la sociedad empieza a creer que los delitos provocados por los menores de edad aumentan, cosa que no tiene por qué estar relacionada directamente con un deseo del endurecimiento de las penas, pero puede derivar en ello.

Finalmente, me agarro a las palabras que José Javier Huete Nogueras, Fiscal de Sala y coordinador deMenores en la Fiscalía General del Estado, pronunció seis días después del hecho que nos atañe: “la alarma generada por un hecho aislado no puede convertirse en elemento determinante de reforma legal”.  No podemos dejar que la percepción que se crea en la sociedad por el entorno, experiencias personales e influencia de los medios de comunicación y los rumores sea un punto de apoyo para llevar a cabo el establecimiento de normas penales.  Por lo que la sociedad no debe dejarse llevar solamente por lo que escucha en los medios de comunicación sino que debe informarse de asuntos tan importantes como lo que rodea la legalidad y la criminología a través de diversas fuentes, estadísticas, reales y objetivas.

Lucía Orts Sellers

Populismo punitivo y delincuencia juvenil: mito o realidad
#Lectura 3

martes, 21 de abril de 2015

El miedo y las malas noticias

En junio de 2013 un periodista de la CNN expresó la siguientes palabras: “las buenas noticias no venden y no le importan a nadie”. Se abrió entonces un debate que lleva circulando durante mucho tiempo en el mundo del periodismo, pues siempre ha existido una conocida frase que dice que “las buenas noticias, no son noticia”. 

Y parece ser que en España la mayoría de los medios de comunicación creen que esa consideración es cierta y la practican, puesto que en el año 2012 nueve de cada diez españoles pedían leer más buenas noticias en los medios de comunicación, así un 93% de los españoles pensaba que los medios estaban “cargados de malas noticias” y lo más preocupante es que un 56% afirmaba que prefería “dejar de informarse”.

 Teniendo en cuenta esto, unos datos un tanto atrasados pero reales, queda claro el importante papel que juegan los medios de comunicación a la hora de extender el miedo al delito en la sociedad. La mayoría de personas siente una gran empatía con las situaciones que les muestra la televisión cada día, especialmente con aquellas noticias que se presentan de forma sensacionalista, dejando arraigado en la sociedad sentimientos de venganza, miedo e inquietud.

 De esta forma, tal y como nos muestra el estudio Problemas de medición del miedo al delito, es muy importante encontrar una fórmula efectiva a la hora de detectar el nivel de miedo poblacional para reducirlo si el peligro no es real en alguna zona determinada, y es que, al fin y al cabo, es un factor que va a influir en muchas cosas, la principal de ellas, la política. Sin embargo, el hecho de detectar el nivel del miedo insertado en la población solo es un primer paso, puesto que el verdadero reto sería reducirlo y para ello, se necesita fundamentalmente a los medios de comunicación. No suprimir, no manipular, eso jamás. Lo lógico sería presentar las situaciones de modo realista, objetivo y sin sobrecargar a la población con noticias que fomentan el pánico y ocupan durante semanas las portadas de los periódicos, abren telediarios por la mañana, por la tarde y por la noche dejando huella en la mente de los espectadores durante días seguidos sin dejar un espacio de tiempo muerto para meditar lo sucedido.

 Existen distintas teorías que intentan explicar el miedo al delito [Teoría de la vulnerabilidad social, de lavulnerabilidad física, de las redes sociales, de la victimización] basándose principalmente en asuntos que tienen que ver con la personalidad de cada individuo, por lo que resulta mucho más difícil determinar el miedo al delito existente en una zona concreta. Está claro que una persona, quizás más débil como puede ser un anciano se sienta más inseguro al ir solo por la calle que un adulto de treinta años fuerte y atlético, pero eso no puede demostrar la sensación de inseguridad global existente en la población sino que se correspondería a un acto o una situación concreta en la que se encuentren ese adulto o anciano en un momento determinado.

 Finalmente es muy difícil determinar de manera exacta la imagen de inseguridad en la sociedad porque influyen muchos factores, tanto personales [experiencias, entornos] como sociales [medios de comunicación, rumores], pero sin duda es algo determinante en el funcionamiento de la sociedad, la política y el bienestar, donde hay que tener presente que siempre los medios de comunicación van a jugar un papel fundamental.



Lucía Orts Sellers 
Problemas de medición del miedo al delito
#Lectura 2

lunes, 20 de abril de 2015

Blanca Martín Luis

La publicidad,  ¿herramienta o arma?



Resulta desmotivador encontrar tal cantidad de anuncios y campañas contra la violencia y la prevención criminal y  observar su incorrecto enfoque y la  confusión que provocan a la hora de transmitir el mensaje. Es curioso ver que en un intento de informar y reducir la criminalidad, se crean y se refuerzan prejuicios, estigmas, etc. La violencia y los crímenes no se pueden erradicar, existen demasiadas variables que los crean. Sin embargo informando y concienciando a la gente se puede disminuir.

Se supone que los gobiernos contratan a las agencias publicitarias para llevar a cabo campañas éticas que tengan un mensaje claro, que informen y que prevengan crímenes. El problema que veo en relación a la contratación de las agencias publicitarias, es que a pesar de realizar campañas anti-violencia de género, etc también son las creadoras de campañas publicitarias sexistas y que escasean éticamente hablando. La mayoría de los anuncios refuerzan unos iconos, sesgos y utilizan una simbología confusa y en muchos casos dañina.

Esta publicidad se crea con la intención de provocar un cambio en el comportamiento del individuo, ser una herramienta preventiva y una transformación social que reduzca los niveles de crímenes. Sin embargo, esta publicidad criminológica, que se dirige a delincuentes y victimas potenciales, acaba siendo de carácter ineficaz, nociva y contraproducente. No es eficiente, a menudo es mal interpretada, y presenta a la mujer como el sexo débil, fortaleciendo así el tópico de que las mujeres son más débiles.

El uso del humor y la pedagogía tampoco ayuda a la campaña porque queda ensombrecido por la victimización indirecta y el tan equivocado intento del uso icónico de una mujer bella maltratada, olvidando a todas las demás, donde una gran cantidad de criminales son negros,  haciendo división y fortaleciendo de nuevo la diferencia entre los seres humanos.

En realidad, entre la falta de ética, la escasez de un mensaje directo y claro y el reforzamiento de los antiguos prejuicios y estándares fijados hace siglos, las campañas son inútiles y una perdida de tiempo y de dinero. En mi opinión queda bastante claro que el problema reside en la base de la sociedad.  Ahí es donde se debe emplear el tiempo y el dinero, enseñar valores y principios a las generaciones más jóvenes y a las que van llegando como una herramienta válida para poder reducir, prevenir y evitar el crimen y la violencia.

Blanca Martín Luis


Las bases irreales forman la realidad de la sociedad



Está claro que viviendo en una sociedad tan mutable es lógico que las opiniones sean difusas y manipulables. La excesiva cantidad de información no ayuda,  pues en vez de informar confunde más y dificulta la comprensión de determinados temas.  La opinión pública se basa en el populismo y la información que ofrecen no ya los informativos sino en programas y tertulias que no conocen ni ejercen el rigor ni el uso de las palabras adecuadas, especialmente en lo que se refiere a temas judiciales.

En un estudio realizado por la Universidad de Castilla - La Mancha se recoge lo que supone el mayor contratiempo para cualquier sociedad, la desinformación. Queda pues reflejado que, a pesar de los medios y herramientas que existen, la ciudadanía sufre la enfermedad del desconocimiento, en muchos casos voluntario. En este estudio existen muchos sesgos, pero es curioso que siendo un trabajo de campo y que se haya cogido a tanta población universitaria porque la percepción de los mayores hacia los jóvenes no ayuda, debido a determinados grupos, y la imagen de los jóvenes es bastante negativa.

Es cierto que el problema reside principalmente en los hogares y en las escuelas que es donde se falla a la hora de implantar unos valores y unos principios, y la necesidad de condenas acordes al delito esta justificado. Sin embargo, la idea de que se necesita ofrecer más ayudas a las familias no es del todo cierta. Antes no existían tantas ayudas y la gente tenia valores y principios, así que el fallo no reside en las ayudas sino en la educación.  Como todo lo relacionado con los delitos, el problema es de base y si no se corrige en la base, es difícil rehabilitar y reducir los crímenes.

Cabe destacar que en el estudio se hace una clara distinción de las opiniones dependiendo de su ideología (derechas, izquierdas y neutral). Por norma general, según el estudio, los de derechas son más duros y piden condenas más duras, mientras que los de izquierdas tienen una idea más enfocada hacia en tratamiento y el apoyo, lo cual por diversos motivos no tiene porqué ser cierto.  De hecho, se podría decir el gran sesgo que eso supone y encima refuerza la idea del gran desconocimiento de nuestra sociedad, lo que hace que este estudio sea muy ambivalente y poco concreto.

Como en todo, destaca la filosofía rehabilitadora que tiene preferencia a la disuasión. La mayoría tienen una falsa creencia de lo que es el trabajo judicial y la delincuencia juvenil y de que son demasiado benevolentes, por lo que la falta de datos relevantes y de conocimiento nos lleva  a una visión dual de la justicia, falsa y por lo tanta a reformas legislativas erróneas. La actitudes de la sociedad son las que marcan las reformas legislativas de cualquier ámbito, lo que cree la sociedad es lo que pide y por tanto lo que los políticos le dan.




Blanca Martín Luis 

El derecho a la información vs el derecho a la intimidad


Los derechos de una persona son iguales a los de otra, ninguno esta por encima del otro, o eso se cree.  Cada país ha marcado su ley y su forma de tratar, rehabilitar y castigar a los delincuentes, de hecho cada uno de ellos elige un derecho antes que el otro. Por ejemplo, Estados Unidos implantó la Ley Megan, que hace referencia a la creación de una base de datos donde aparecen recogidos en una lista, los nombres y las direcciones de pederastas y cualquiera que haya cometido delitos contra menores. Esta base se creó por el polémico caso de una pequeña de siete años que fue violada y asesinada por su vecino, un delincuente que estaba cumpliendo libertad condicional.

Actualmente, la mayoría de los estados permiten a los ciudadanos acceder a este tipo de bases para informarse de los convictos que viven cerca de sus hogares, en otros lugares la policía informa a las escuelas y a los padres. Y no solo eso, entre los diferentes estados se comparten las bases de datos en un intento de prevenir posibles delitos y reincidencias. Claro, que este sistema es aceptable para unos y no tan aceptable para otros.

Existen dos líneas de pensamiento sobre publicar y permitir el acceso de todo el mundo a los datos de delincuentes. El primero es el que se relaciona con el derecho a la información, donde el argumento de mayor peso es el de la prevención y la posibilidad de reincidencia de un determinado  criminal. La segunda línea va paralelo al derecho a la intimidad, y su argumento principal es que la publicación de esos datos impide al “ex convicto” llevar una vida normal y reinsertarse. Webs como Criminalcheck, que son bases de datos online a las que cualquier ciudadano tiene acceso, suponen una violación de ese derecho a la intimidad y la protección de datos.

En España este tipo de webs es impensable por el daño que causan a los criminales, a su reinserción y a sus derechos. Pero, ¿qué pasa con los derechos de la victima? Y ¿qué pasa con el derecho que tienen los ciudadanos de saber a quién tienen por vecino y si necesitan estar más atentos?. Eso no implica que estos criminales no puedan reinsertarse o que no se les vaya a tratar de una manera correcta. A mi entender si deberían ofrecerse los datos básicos (nombre, dirección y foto) pues los ciudadanos que cumplen las leyes tienen derecho a estar informados y a saber que podrían estar en peligro. Los criminales no han cumplido la ley y por tanto son sancionados, pero los que reinciden sabiendo que lo que han hecho esta mal, deben darse a conocer. Si las victimas no pueden olvidar ellos tampoco deberían.

También es cierto que en su mayoría, los delincuentes son fallos del objetivo rehabilitador del sistema y de la falta de una ley justa y adecuada que asegure esa rehabilitación y reinserción. Aun así, el ser humano es libre de tomar sus propias decisiones sabiendo las consecuencias que acarrean, por lo tanto si cometes un crimen, debes ser capaz de dar la cara ante la sociedad, aceptar que se sepa y afrontar las consecuencias. Sin embargo, ese derecho que tenemos de saber cosas de carácter publico, y no nos engañemos un delincuente no es particular, es y debería ser tratado como algo público porque daña a los individuos y por tanto a una sociedad. El derecho a la intimidad es uno de los derechos fundamentales de nuestra constitución pero ese derecho debería congelarse en los delitos graves, ya que a pesar de ser casos particulares, reincidentes o no,  de alguna forma amenazan la estabilidad y la seguridad de los ciudadanos y por índole a la estructura de la sociedad. Da la impresión de que la ley ampara a los delincuentes y que les da más valor que a todo el conjunto de ciudadanos.




Blanca Martín Luis


La ética del dinero: de la culpabilidad a la inocencia



En un mundo donde nos movemos, entre las sombras de la culpabilidad y la inocencia, el único factor que parece inclinar la balanza hacia la culpabilidad o no culpabilidad es el dinero. Todo crimen tiene que tener un culpable aunque exista una duda razonable, pero si tienes dinero existen más dudas y más posibilidades de que no acabes siendo culpable. De hecho, son muchos los abogados, obligados a defender a clientes que saben que son culpables y que aún así ponen todo su esfuerzo y empeño en demostrar y defender la no culpabilidad de los mismos, pues todo el mundo tiene derecho a ser defendido.

Un abogado puede elegir a sus clientes, aún a sabiendas de su culpabilidad, por motivos económicos, publicitarios o de prestigio, que no dejan de estar todos ellos relacionados con el dinero. De hecho, cualquier caso mediático puede atraer la atención de un abogado o de un bufete, que están más interesados en adquirir notoriedad que en demostrar la verdad.  La película El misterio de von Bülow, es un claro ejemplo de que el dinero puede exculparte.

En esta película el abogado y su equipo no creen en la inocencia de su representado, Klaus von Bülow, pero a pesar de ello le defienden hasta conseguir que lo absuelvan de los cargos de homicidio contra su esposa y le devuelvan su fianza de 1 millón de dólares. Durante la película seguimos el proceso judicial hasta que tras los resultados obtenidos tras las investigaciones privadas realizadas por el abogado, pasan de culpar a exculpar a Klaus Von Bülow.

En este caso, el abogado Alan Dershowitz, acepta defender a Klaus Von Bülow para poder financiar otro caso en el que dos jóvenes negros  han sido injustamente sentenciados a la pena de muerte por un crimen que no han cometido. Aquí es cuando la ética del dinero más se ve presente, la verdad no tiene relevancia en el proceso judicial, pues es en este caso el rico que es culpable o eso piensan todos, es el que sale libre y sin cargos, mientras que dos jóvenes inocentes, pobres y negros reciben el castigo más duro.

Existe un dilema moral en este tipo de procesos judiciales, pues representar a alguien que se piensa e incluso que a veces se sabe que es culpable, es complicado. De hecho, en la película varios alumnos de Alan se niegan a defender al señor Von Bülow, ¿cómo defender a alguien que es culpable? Pero ahí entra en juego el derecho de todo el mundo a tener una defensa. El trabajo principal del abogado es plantear una duda razonable y convencer al público de la inocencia de Klaus, dando datos, reconstruyendo los hechos y investigando la vida del matrimonio. Es la duda razonable que consiguen demostrar la que impugna las pruebas y consigue que el tribunal de apelaciones falle a favor de la inocencia de Claus Von Bülow.  A pesar de todo ello, el propio abogado defensor sigo creyendo en la culpabilidad de Klaus Von Bülow, y de hecho, al final de la película le dice: “Legalmente esto es una victoria, pero moralmente está usted solo”.

¿Es mi cliente inocente? Eso no es relevante. La legalidad no implica justicia, pero el dinero implica absolución. El término ética es ambiguo, pues lo que es éticamente correcto apenas tiene espacio dentro de los procesos judiciales. La sociedad y la ley no son infalibles se les puede engañar y manejar. El problema radica en que la justicia no tiene en cuenta ni la moral ni la ética, nadie debería carecer de una defensa justa que demostrara o intentara demostrar su inocencia pero si la función de la justicia en rehabilitar y reinsertar, entonces esta fallando pues cuando alguien que es culpable queda absuelto, no se esta llevando a cabo esa función. 



lunes, 13 de abril de 2015

Publicidad criminológica: Una realidad aparentada


 Las apariencias engañan, una frase cierta donde las haya, mucho más aún en el mundo del crimen y la delincuencia.  Sin embargo, precisamente es en las apariencias, el envoltorio, lo común, lo usual y lo que muchos consideran habitual en lo que se centran la mayoría de las campañas publicitarias de prevención criminal. Y es que las personas, a no ser que estudien en el ámbito de la publicidad o la criminología, pasan por alto detalles o aspectos altamente importantes dentro de un anuncio de prevención del delito, que solo se quedan mirando por casualidad o pereza de no levantarse a coger el mando y cambiar de canal.
Dentro del texto “Construcción cultural y prevención criminal publicista” aparecen analizadas distintas campañas publicitarias que se citan como “publicidad criminológica”.  No es de las más significativas pero la que más ha logrado captar mi atención es la reconocida como “Ahora la ley actúa” [Federación Anti-piratería-Ministerio de Cultura y Justicia, 2005]. En el corto y rápido anuncio, una sucesión de imágenes mezcladas con música estruendosa y rítmica muestran distintos actos delictivos como robar un coche, un bolso o una película y los comparan con la piratería,  pues en definitiva de eso trata el anuncio. Bien, ahora puedo decir que este anuncio catalogado de prevención criminal lo habré visto veces incontables y hasta ahora ni siquiera me había dado cuenta de lo que aparecía en él. Parece comparar el acto de descargarse una película con numerosas obras violentas para robar, ya sea el tirón de un bolso o el golpear un coche con un bate.  Y sí, puede que todas las cosas que aparecen en las imágenes sean delito, pero ¿qué pretende en realidad la campaña? ¿Decir que no caigas en la piratería porque si no te convertirás en un vulgar ladrón? Una estrategia difícil de analizar, de comprender y especialmente de llegar al público emocional o psicológicamente, pero sin duda basada en las apariencias, ya que se intenta relacionar distintos actos vandálicos comunes, que pueden quedar en la imagen del espectador sin llamar su atención y trastocar la realidad, que no es otra que la presentación de una campaña publicitaria que se sobrepasa a la hora de querer prevenir un delito de piratería.
Pero si una campaña así se basa en cosas comunes y sin profundidad, usuales a la vista de los espectadores, mucho peor son aquellas que afectan a la dignidad de las víctimas y mayoritariamente de ellas, mujeres. Un ejemplo es la campaña “Liquor Control Board” [2011] presentada en un cartel que muestra un burdo cliché al presentar la típica situación en la que una adolescente sale de fiesta con sus amigas, bebe demasiado alcohol y acaba siendo víctima de una violación por culpa de haber realizado ese hecho. Sí, se culpabiliza a la víctima porque lo podría haber evitado si no hubiese bebido, algo absurdo, sin sentido y por supuesto sin análisis. Esto no solo ataca a alguien que es inocente sino que además crea cierto temor disparatado pero efectivo en los padres de las adolescentes pensando que esas situaciones ocurren y que se debe al alcohol, la fiesta y la despreocupación. No es menos cierto que estos factores y muchos otros indiquen una mayor posibilidad de producirse un acto delictivo, es lo que se podría llamar una situación de alto grado de criminalidad, sin embargo tampoco es menos cierto, que generalmente la “publicidad criminológica” no estudia correctamente los tintes sociales para ser realmente útil y prevenir el delito sino que simplemente se basa en situaciones comunes que no habituales, clichés y formas fáciles de llegar al público, pero que no son, ni mucho menos, las mejores.

#Lectura 1: Construcción cultural y prevención criminal publicista


Lucía Orts Sellers

domingo, 5 de abril de 2015

Una imagen distorsionada de la delincuencia juvenil

Una encuesta sobre el populismo punitivo y la delincuencia juvenil revela que se piensa que la delincuencia juvenil forma de un 25% a un 50% del total (según el 48% de los encuestados) o superior al 50% (según el 27,2%). También se piensa que va en aumento, hay mucha reincidencia y es fundamentalmente violenta. La realidad es muy diferente. Los detenidos juveniles son solo un 8,6% del total, la delincuencia juvenil ha descendido en los últimos años, el porcentaje de delitos violentos es del 35% y la reincidencia no supera el 25-35%. Esta encuesta retrata una visión de la juventud alejada de la verdad, que criminaliza a la juventud. Una visión errónea que se utilizó como una de las justificaciones de la reforma de la Ley 8/2006, que endurece la reforma penal frente al menor que delinque, elevando el tiempo de internamiento. Mientras tanto la encuesta permite ver que la sociedad prefiere un sistema que favorezca la educación o rehabilitación, más allá del mero castigo, y que se favorecen las penas alternativas, especialmente si sirven como restauración a la víctima o a la comunidad. La contradicción es flagrante, la ley se basó en conseguir el apoyo del público, que estaba desinformado, sin basarse en ningún tipo de estudio sobre lo que sería realmente adecuado.

El estudio también revela que el 88% de los encuestados piensa que los jóvenes son menos respetuosos que hace 20 años. Además muestra que la percepción que se tiene de la delincuencia juvenil de un 48,6% de los encuestados proviene de las noticias de los medios de comunicación, y que el trabajo del sistema de justicia de menores es o desconocido o visto negativamente, considerado benevolente a pesar de haber ido aumentando las penas en los últimos años. Estos datos muestran el desconocimiento de la población sobre la situación real de la delincuencia de menores, que ha sido utilizado y perpetuado por políticos y medios de comunicación, de forma intencionada o no.

Los medios especialmente tienen responsabilidad por la imagen negativa y estereotipada que se da de la juventud. Un ejemplo es la etiqueta de “Nini” (ni estudia ni trabaja). Se ha afirmado que un 24% de las personas entre 15 y 24 años no quieren estudiar ni trabajar, como si fuera algo totalmente voluntario e independiente de la situación económica que por el alto desempleo excluye a los que buscan trabajo, o por el encarecimiento de los estudios causado por el plan Bolonia (sin contar que muchas de las familias que antes podían mantener a sus hijos durante los estudios ahora tienen a todos sus miembros en paro). Y la realidad es que solo un 1,73% del total de los jóvenes son “ninis” por elección propia, un porcentaje mucho menor que el que realmente se da a entender. Y esta es solo la última de una larga serie de etiquetas adjudicadas injustamente por los medios a la juventud a lo largo de los años.

Medios, políticos y sociedad tienen una responsabilidad en la visión equivocada de la delincuencia juvenil, y si no se corrige el error se van a seguir creando leyes basadas en una falsedad, todo por el bien de conseguir unos votos más. Es una pérdida de tiempo y de dinero público que no se debe mantener, pero la solución no está clara. Sin embargo un buen principio sería una información más contrastada sobre este tema en los medios, y una mejor publicidad del sistema de justicia juvenil.

Miguel Torregrosa Morales

El miedo al delito: una constante social

Para una sociedad no solo es necesario que el número de delitos disminuya, también que se reduzca el miedo a los mismos. Si hay demasiado miedo el bienestar de los ciudadanos y su confianza en los demás disminuye, afectando a su calidad de vida independientemente de si realmente se producen tantos delitos como se piensa. Por lo tanto las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación tienen la responsabilidad de evitar un temor desmedido en la sociedad, un deber que se debe compatibilizar con sus otras funciones de proteger y mantener informados a los ciudadanos respectivamente.

Los ciudadanos desean un cuerpo de policía que esté presente y visible en su vecindario, listo para actuar ante cualquier situación y conocido por los habitantes. Lo que se pide para reducir el crimen y el miedo al mismo es la presencia de más oficiales en la calle, pero este enfoque es una solución psicológica con resultados temporales (porque persisten otras condiciones que provocan miedo al delito, y los ciudadanos piden todavía más presencia policial) o incluso contraproducentes (que haya más policías causa que el vecindario se perciba como inseguro). En cualquier caso lo que se desea es la cercanía de los agentes, una patrulla de a pie reduce el miedo al delito mientras que una en coche tiende a aumentarlo.

El papel de los medios de comunicación es claro. La cobertura exhaustiva que se hace de los delitos violentos aumenta el miedo. Hasta qué punto es necesario para los ciudadanos recibir tanta información sobre estos sucesos es una cuestión discutible. Pero es indudable que el aumento de la presencia de crímenes en los medios es una de las causas de que el crecimiento del miedo al delito esté disociado de la criminalidad real.

Al mismo tiempo algunos políticos emplean el miedo al delito como arma política, impulsando reformas en las leyes con el objetivo de ganar las elecciones en lugar de conseguir una reducción real de la criminalidad.

Pero el mayor problema es la falta de recursos. Se conocen medidas válidas para reducir el miedo al delito, como el rediseño urbano para eliminar zonas de riesgo o la cercanía y capacidad de mantener el orden de la policía. Pero estos métodos requieren una inversión, que no siempre está disponible. La eficiencia se pone por encima, la actividad de la policía se centra en responder a los crímenes. Para conseguir solucionar el problema social del miedo al delito es necesario que se tomen medidas diferentes a las necesarias para prevenir el crimen, y esta es una tarea que se debe llevar a cabo a todos los niveles.

Miguel Torregrosa Morales

Las víctimas culpables

Algunas de las campañas orientadas a sensibilizar contra el crimen eligen lemas o motivos muy poco apropiados, que pueden tener efectos totalmente contrarios a los que se buscan. Entre ellas son especialmente reprochables aquellas que culpabilizan a las víctimas del delito que se ha cometido. Se desplaza la responsabilidad de prevenir el delito a las personas que lo sufren, sugiriendo que ha ocurrido a causa de sus propias acciones, sin tener en cuenta al verdadero culpable.

Un ejemplo es la campaña del Pennsylvania's Liquor Control Board contra el consumo excesivo de alcohol. El cartel advierte sobre beber demasiado con el riesgo de “tomar malas decisiones como irse a casa con alguien que no conocen demasiado”. Es la mujer la que se convierte a sí misma en víctima, por no tener cuidado. Además la campaña ignora que la “juerga alcohólica” (“binge drinking”) suele ser norma social para los jóvenes, y que aquellos que no la siguen pueden ser considerados raros. En lugar de atacar ese modo de ver las cosas se limita a culpar a los que las aceptan, bajo la amenaza de convertirse en víctimas.

Otra muestra de este error es la campaña anti-sexting canadiense “Respétate” (Respect yourself”, Center for Child Protection, Canada 2005). El sexting es el intercambio de contenido, especialmente fotos, de carácter sexual a través de teléfono móvil e Internet. El cartel utiliza la frase “¿hasta donde llegarías para llamar la atención?”. Implica que las chicas tienen la responsabilidad del mal uso que se pueda dar a las imágenes que han creado, ignorando la culpa de los que las muestran a personas que no deberían haberlas visto. Ellas son las que “no se respetan a sí mismas”, no aquellos que dan un mal uso a las fotos.

Como último ejemplo la Oficina de Políticas de Igualdad de Gijon publicó en 2013 un cartel con el eslogan “la incomunicación es la fuente de toda violencia”. De nuevo la víctima es la que actúa de forma incorrecta, la que no ha sabido comunicarse con el agresor y por su culpa empiezan los problemas.

Hay muchas razones diferentes por las que se culpabiliza a la víctima de un delito. Puede ser para defendernos de la idea de que lo que le ha pasado nos puede ocurrir a nosotros, si es culpa suya a nosotros no nos pasaría, nosotros actuaríamos de forma diferente (Hipótesis de las atribuciones defensivas). También está relacionado con la creencia compartida de que vivimos en un mundo justo, en el que todos reciben lo que se merecen, y si a alguien le pasa algo malo es porque ha cometido un error o tiene algún defecto (Hipótesis del mundo). Estas razones no sirven de justificación, son un triste recordatorio de la clase de actitudes que tenemos que superar y vigilar en nuestra propia sociedad.

Las campañas de prevención del crimen tienen una especial responsabilidad a la hora de cambiar la forma de ver los delitos por la sociedad. Sus supuestas buenas intenciones no justifican los flagrantes errores que cometen, perpetuando actitudes negativas y estereotipos. Y echarle la culpa a la víctima, a una persona a la que la sociedad ha fallado, es imperdonable.

Miguel Torregrosa Morales

jueves, 2 de abril de 2015

Populismo punitivo y delincuencia juvenil
Por Emilio Pérez Martínez
Las investigaciones sobre las actitudes públicas de los jóvenes siempre han estado presentes. Cuando preguntábamos a la sociedad sobre el castigo que se le debería imponer a los jóvenes por infracciones cometidas, la reacción casi siempre era la misma, los jóvenes, por su condición, eran más propensos a cometer delitos. Esto se ha desmontado gracias a la evolución de la propia sociedad y el conocimiento de nuestro sistema judicial, concretamente en lo que refiere a la juventud.
El conocimiento del funcionamiento del sistema de penas o delitos evidencia que la opinión pública se encuentra supeditada a la cantidad y calidad de información de la que dispone la comunidad. Cuanto mayor es el conocimiento ciudadano en el tema, menores son los juicios desfavorables hacia el sistema judicial juvenil, disminuyendo también las actitudes punitivas, puesto que hay multitud de factores a tener en cuenta para la medición de los delitos.
¿Por qué la ciudadanía reclama respuestas más severas para la delincuencia juvenil? En primer lugar, se debería tener en cuenta las variables que hacen que un joven sea objeto de una actitud contraria a lo que, según la sociedad, sería algo normal, un comportamiento acorde con su forma de pensar. Otras variables las podríamos encontrar en factores demográficos y personales. Dependiendo de la zona que vivas, de tus circunstancias personales, podrían llevarte a cometer un delito o no. Pero lo más importante es el desconocimiento que tiene la sociedad de las respuestas del sistema judicial español en cuanto a la delincuencia juvenil. Una mayor información sobre nuestro sistema jurídico debería encaminar las encuestas que se proponen a la comunidad sobre los delitos cometidos por los jóvenes.

Otro factor importante es la educación. No es lo mismo preguntar a una persona con escasos estudios que a otra que, por haber tenido recursos, está mejor formada. La pregunta que me hago es ¿Esto influye a la hora de dar respuesta ante algunas actitudes públicas de los jóvenes y sus consecuentes castigos? 
Populismo punitivo y delincuencia juvenil
Las investigaciones sobre las actitudes públicas de los jóvenes siempre han estado presentes. Cuando preguntábamos a la sociedad sobre el castigo que se le debería imponer a los jóvenes por infracciones cometidas, la reacción casi siempre era la misma, los jóvenes, por su condición, eran más propensos a cometer delitos. Esto se ha desmontado gracias a la evolución de la propia sociedad y el conocimiento de nuestro sistema judicial, concretamente en lo que refiere a la juventud.
El conocimiento del funcionamiento del sistema de penas o delitos evidencia que la opinión pública se encuentra supeditada a la cantidad y calidad de información de la que dispone la comunidad. Cuanto mayor es el conocimiento ciudadano en el tema, menores son los juicios desfavorables hacia el sistema judicial juvenil, disminuyendo también las actitudes punitivas, puesto que hay multitud de factores a tener en cuenta para la medición de los delitos.
¿Por qué la ciudadanía reclama respuestas más severas para la delincuencia juvenil? En primer lugar, se debería tener en cuenta las variables que hacen que un joven sea objeto de una actitud contraria a lo que, según la sociedad, sería algo normal, un comportamiento acorde con su forma de pensar. Otras variables las podríamos encontrar en factores demográficos y personales. Dependiendo de la zona que vivas, de tus circunstancias personales, podrían llevarte a cometer un delito o no. Pero lo más importante es el desconocimiento que tiene la sociedad de las respuestas del sistema judicial español en cuanto a la delincuencia juvenil. Una mayor información sobre nuestro sistema jurídico debería encaminar las encuestas que se proponen a la comunidad sobre los delitos cometidos por los jóvenes.

Otro factor importante es la educación. No es lo mismo preguntar a una persona con escasos estudios que a otra que, por haber tenido recursos, está mejor formada. La pregunta que me hago es ¿Esto influye a la hora de dar respuesta ante algunas actitudes públicas de los jóvenes y sus consecuentes castigos?