jueves, 28 de mayo de 2015

Delincuencia Organizada y Terrorismo


Por:
Blanca Martín Luis. 
Emilio Pérez Martínez
José Manuel Corrales

1.    Introducción
La delincuencia organizada es un fenómeno global contemporáneo que tiene componentes de carácter político, económico y social. Está constituida en forma de grandes estructuras y organizaciones jerárquicas piramidales, cuya existencia no es única, monolítica. Su funcionamiento está asociado a una red de intercambio social que corresponde a una comunidad.  Su carácter transnacional se debe a que va más allá de las fronteras nacionales de cada Estado. Se une lo político con el delito y funcionan como un aparato de poder, es decir, como un Estado paralelo.
La delincuencia ofrece diversas vertientes ya que son muchas las causas que conllevan a su definición como crimen organizado. Entre ellas tenemos: La inestabilidad política, jurídica y social, la corrupción, los vacíos de poder, las migraciones y otras tantas causas de diversa envergadura que van asociadas a las definidas anteriormente.
La actuación de forma sistemática de las bandas organizadas tiene como objetivo una unión para propiciar su permanencia, extensión, desarrollo y proliferación. Actúan como micro empresas especializadas en distintas áreas, con funcionamiento propio, ajenas a otros grupos, y que desarrollan sus actividades según sus propias capacidades y conocimientos.
Entre las actividades propias de cada grupo existen unas características y modalidades especiales que no pueden ser comparables con la delincuencia común, siendo precisamente estas  las que las diferencia y le da los caracteres  que le otorgan el nombre de delincuencia organizada, las cuales en su mayoría se trata de entes dedicados de forma específica a una o varias actividades delictivas graves.
En este trabajo intentaremos buscar una definición precisa sobre la delincuencia organizada, los distintos tipos de crimen organizado, características y, por otro lado,  diferenciar el concepto de crimen organizado y terrorismo, acercándonos a las opiniones de distintos autores expertos en la materia.

2.    Marco teórico
2.1 ¿Qué es la delincuencia organizada?
Se trata de un grupo social con una cierta estructura y con miembros que se organizan para cometer acciones delictivas. A diferencia del delincuente que actúa en solitario, la delincuencia organizada es una actividad delictiva especialmente  compleja. Los individuos que forman parte de una organización de este tipo, deben responder a la estructura y cumplir con una determinada función[1].
La delincuencia organizada es un grupo estructurado por tres o más personas, cuya  finalidad y objeto es dedicarse a actividades delictivas como forma de obtener beneficios económicos, y de otro orden en forma constante, convirtiéndose en un fenómeno global contemporáneo de carácter político, económico y social.
Entre las diversas actividades propias de estos grupos, tenemos: tráfico de drogas, migración ilegal, tráfico de seres humanos, pornografía infantil, extorsión, fraude, falsificación, etc. A cada una de estas actividades le corresponde una serie de características y modalidades muy especiales, que las hacen que no sean comparables con la delincuencia común.
Uno de los factores más significativos que ha facilitado el proceso de las actividades delictivas de este tipo de organizaciones ha sido la Globalización, favorecido por los avances tecnológicos. Su aparición  ha acortado las distancias a escala mundial en los aspectos sociales, políticos, ambientales, tecnológicos y, sobre todo, económicos.  De este modo han ido desapareciendo gradualmente la independencia de la justicia, la credibilidad en  la política y la confianza de los ciudadanos en los valores, así como en Derecho, aspectos cada vez más prolíficos.
Como hemos afirmado anteriormente, estas organizaciones están sustentadas en estructuras de organización empresarial, con cuerpos de seguridad propios, armamento, sistemas de comunicación altamente sofisticados, transportes, casas de seguridad (pisos francos), entre otras instalaciones que hacen posible su permanencia. Su modus operandi se basa en: un eje central de dirección y mando, con un grupo de sicarios y, aprovechamiento de su alto poder financiero.
Es habitual que estas organizaciones delictivas estén regidas por un orden jerárquico, piramidal. Así, nos encontramos que los miembros de las capas más bajas deben hacer méritos para ascender y mostrar su lealtad a los jefes.
Existen numerosas organizaciones de delincuencia organizada, entre ellas podemos citar: La Mafia China, el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, La Delincuencia Organizada en Brasil, el Crimen Organizado en Argentina y Guatemala, los Yakuzas,  Sendero Luminoso, la Delincuencia Organizada Rusa, y otros. 
2.2 La delincuencia organizada según la INTERPOL
Según la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL), la delincuencia  organizada es “cualquier  grupo de  delincuentes que practica actividades  ilícitas  de  manera continuada, haciendo  caso omiso a la existencia de fronteras”. La misión de esta organización es la comunicación y ayuda policial en materia de seguridad entre Estados. Existe un acuerdo de INTERPOL en el que se exponen que un grupo de delincuentes para que sea considerado como delincuencia organizada debe cumplir las siguientes condiciones[2]:
·         Que lo formen más de tres personas.
·         Que tenga un periodo largo de actuación y continuidad en sus intervenciones.
·         Que el delito cometido sea grave.
·         Que obtengan beneficios, poder o influencia.
·         Que en el seno del grupo en cuestión exista un reparto de tareas.
·         Que tengan jerarquías y disciplina interna.
·         Que tengan actividad internacional.
·         Que utilicen violencia e intimidación.
·         Que monten estructuras empresariales para desarrollar o  enmascarar sus actividades delictivas.
·         Que participen en el grave delito de legitimización de capitales.
·         Que sus actuaciones provoquen y usen la influencia y corrupción.
2.3Tipos de delincuencia organizada
Delincuencia organizada local.- Se puede definir como la delincuencia consistente en una banda o varias bandas vinculadas que operan en una escala territorial menor, ya sea un municipio, una comunidad, o un Estado, y que generalmente opera en esa demarcación y rara vez fuera de ella.
Delincuencia organizada nacional.- Como la anterior, puede consistir en una sola banda de grandes proporciones o varias bandas asociadas. La principal diferencia es que actúa dentro de una escala relativamente mayor. Se reconocen sus actividades  como una delincuencia de mayor gravedad, pues actúa en varias ciudades y provincias o Estados y, potencialmente, puede llegar a tener conexiones con otras bandas nacionales e internacionales.
Delincuencia organizada transnacional.- Cuando la delincuencia organizada construye nexos con organizaciones similares formando redes en todo el mundo, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la identifica como delincuencia organizada transnacional[3].  La Comunidad  Europea  denomina delincuencia organizada transfronteriza a las organizaciones  que emprenden operaciones ilegales de tipo financiero, mercantil, bancario, bursátil o comercial; acciones de soborno, extorsión; ofrecimiento de servicios de protección, ocultación de servicios fraudulentos y ganancias ilegales; adquisiciones ilegítimas; control de centros de juego ilegales y centros de prostitución.

2.3.1    Delincuencia organizada transnacional
Es la más significativa por su dimensión internacional. Por este motivo se merece un estudio más profundo. La complejidad de los mercados ilegales de alcance internacional es mayor que nunca, se trata de un negocio  que se basa en la venta de productos no amparados por la Ley, y que genera miles de millones de dólares por año. Se mueven basados en la demanda. Vulgarmente también se les conoce como comerciantes mercenarios, cuyo único interés es ganar dinero, dejando de lado las cuestiones relacionadas con la seguridad o la ética.
Es correcto afirmar que la mayoría de los delitos graves de alcance internacional, cometidos con claros fines de lucro, forman parte de alguna banda organizada transnacional. Por norma común, las actividades que más  se asocian a este ámbito son el tráfico de personas, de drogas y de armas, la adulteración de productos, el blanqueo de dinero, la venta de animales y, más recientemente, los ataques a sistemas informáticos de grandes compañías.
La delincuencia o  crimen organizado representa  un espacio en el cual no se respetan los derechos básicos de personas ni de animales, y atenta contra el correcto desarrollo cultural, social, civil, político y económico de los países de todo el mundo. Si agregamos a todo esto el peligroso aumento de la corrupción por parte de ciertos gobernantes, la repercusión es verdaderamente estremecedora.
Entre los aspectos más preocupantes de la delincuencia organizada transnacional, nos encontramos la capacidad que tienen estas bandas de mutar para adaptarse a los constantes cambios de tendencias que se producen en  los mercados. Dado que no responde a ningún marco moral o legal, este negocio no teme las medidas drásticas que se les impongan, siempre que les garantice la continuidad de sus ganancias.
Además del tráfico de drogas, que supera al resto de las actividades en lo que a beneficios económicos se refiere (se estima que su valor anual ronda los 320 mil millones de dólares al año)[4], la trata de personas es uno de los delitos más terribles, ya que consiste en convertir a individuos de todas las edades en productos orientados a la explotación laboral y sexual.
La Convención de Palermo constituye la voluntad política de los Estados para asumir un problema de gran riesgo mundial. Se sienta  la base legal para abordar el problema en toda su dimensión con el objetivo de no permitir que grupos delincuenciales y terroristas dicten pautas al mundo de manera irracional sin medir las consecuencias y generando un estado de terror, el cual mina cualquier intención de establecer una democracia fuerte y sana, donde existan fronteras abiertas y mercados libres.
Los Estados están ahora fortalecidos y ese refuerzo debe ser protegido, contando con una ley que les permita abordar y asumir la implementación de una nueva estructura, donde la delincuencia organizada no tenga futuro, donde se pueda tener una nueva visión de país que respete la dignidad del  hombre  y  por  ende  sus derechos humanos, y sobre todo, donde se dignifique el papel represor del Estado y su voluntad de operar en pro del bienestar y  la seguridad  de toda la comunidad.
Básicamente, los dos grandes problemas que amenazan actualmente la paz mundial son: el terrorismo y la delincuencia organizada transnacional. Es obligación de los Estados unirse para erradicar estas plagas,  organizaciones que cuentan con recursos y las cuales día a día crecen a pasos agigantados, infiltrándose en las instituciones de los Estados.

2.4 Las principales actividades de las bandas organizadas:
Tráfico de drogas.
Tendencia a que las bandas trafiquen con todo tipo de drogas. Los turcos controlan aún la heroína; los colombianos la cocaína; Marruecos sigue siendo el principal exportador de hachís aunque Albania se hace un hueco, y las drogas de síntesis se fabrican en los Países Bajos y Bélgica. Hay que señalar que el consumo de estas drogas de síntesis y de cocaína crece, mientras que el de hachís y heroína se mantiene estable.
Migración ilegal.
Es una actividad en constante expansión. Dominada por chinos, albaneses, nigerianos, rusos, turcos, yugoslavos, sudamericanos y centroamericanos.
Tráfico de seres humanos.
Tiene una gran repercusión social. Las víctimas son secuestradas y engañadas por compatriotas. Las rutas usadas son las mismas que para el narcotráfico.
Pornografía infantil.
Las nuevas tecnologías han propiciado su aumento, Internet, la causa. Se crean páginas web para intercambio, y sobre todo, para ganar dinero.


Extorsión.
Esta actividad es común entre las comunidades de emigrantes o formando parte del tráfico de seres humanos. El ejemplo: las pateras de inmigrantes buscando una vida mejor.
Legitimación de capital o blanqueo de dinero.
La mayoría de bandas usan empresas tapaderas legales, oficinas de cambio, paraísos fiscales y  agencias de transferencia de dinero.
Fraude.
Es considerado por las redes como una actividad muy beneficiosa que comporta  poco riesgo. Puede tener como objetivo personas, empresas e instituciones públicas y en sus nuevas variantes requiere mucha experiencia y conocimiento específico.
Falsificación.
Conectada con otros delitos, no sólo falsifican monedas y documentos, sino otros artículos, desde medicamentos, ropa, artículos electrónicos, calzado y hasta piezas de aeronaves.
Contra la propiedad intelectual.
Aporta grandes beneficios con riesgo mínimo. Es un delito que va en aumento.
Robos con fuerza.
Grupos albaneses, rumanos y de otros países de la Europa del Este, muy violentos, son los más activos.
Tráfico de coches.
Su destino es la Europa del Este, África y Oriente Medio.
Estos grupos, tradicionalmente jerárquicos, monolíticos, están siendo sustituidos por redes unidas de forma flexible y adaptable, lo que hace cada vez más difícil su control y resulta complicado realizar maniobras de infiltración en su organización. En su mayoría son individuos que buscan lucrarse de una manera fácil mediante la actividad criminal. Emplean conexiones internacionales y un reparto específico de tareas, no delinquen por necesidad.
En general, puede decirse que son fuertes grupos de tendencia multinacional, que con frecuencia utilizan como intermediarios a sociedades empresariales para solapar sus delitos graves. Llevan una permanente planificación y ejecución dentro del amplio ámbito geográfico internacional.
Aunque la delincuencia parece ser un fenómeno inherente de cualquier sociedad humana, el valor que se le atribuye depende de la naturaleza y de la forma de organización de la sociedad en cuestión.
La delincuencia encuentra su razón de ser en los diferentes papeles que debe jugar el Estado frente a ella. La comisión de un delito no difiere en la práctica de quien la realice, pero sí hay diferencias en cuanto a la forma que el Estado responde en cada uno de ellos.
No se puede hablar de estadísticas fiables que permitan asegurar en qué clase social tiene más incidencia la delincuencia, la trascendencia social e incluso penal es diferente según se trate de delitos cometidos por la clase baja que los que cometen la clase alta o acomodada. En cambio sí se ha estudiado la composición por sexos de la delincuencia, llegándose a la conclusión de que hay tres o cuatro veces más hombres que mujeres delincuentes[5].

2.5 Relación entre la globalización  y  la delincuencia organizada.
Es indudable que el proceso de globalización  ha facilitado las actividades de la delincuencia organizada; con su aparición ha acortado las distancias a escala mundial en  los aspectos sociales, políticos, económicos, tecnológicos y ambientales. Es por ello que para contrarrestarla, los Estados deben ofrecer a sus habitantes una mejor calidad de  vida, que cubra  las necesidades básicas de todos los sectores de la población.
En los últimos tiempos, la violencia y los crímenes se han salido de los esquemas tradicionales dejando de ser una delincuencia doméstica para convertirse en una organizada y  transnacional, donde las influencias provienen del extranjero, incluyendo la tecnología.
La ciudadanía y autoridades se enfrentan a una delincuencia  preparada tanto en lo técnico como en lo intelectual, la cual con sus métodos e ideologías fue alcanzada por los beneficios de la globalización, permitía asociarse con bandas internacionales que se dedicaban al terrorismo, al narcotráfico, al secuestro, a la trata de blancas, el robo de coches, etc.[6]
La comunidad ha de caer en la cuenta de los miles de factores y múltiples motivos que llevan al delito, la disminución de algunos valores religiosos y cívicos por la corrupción político-económica, así como por la escasa atención que se presta a las instituciones educacionales para los niños y jóvenes. Los ciudadanos deben tomar muy en serio su participación en los programas de acción frente a la delincuencia como realidad sociopolítica, más como problema de un gran colectivo y no como pequeños grupos aislados. Es necesario el progreso de todas nuestras instituciones para intensificar los avances culturales a través de las fronteras.
La delincuencia organizada, con su alto poder financiero, obtiene secretamente a través de los avances tecnológicos  una influencia cada vez más importante sobre nuestra vida económica, social y política, desapareciendo de este modo gradualmente la independencia de nuestra justicia, la credibilidad de la política y la confianza de los ciudadanos en los valores de los Estados Democráticos de Derecho.
Es necesario por tanto, modificar los sistemas sociales debido a la evolución de los  diferentes acontecimientos sociales, políticos y económicos que se han suscitado en el mundo en las últimas décadas, con la finalidad de actualizarlos y así poder satisfacer los requerimientos de la población con una prevención nacional, adecuada para nuestra sociedad.



2.6 Diferencias entre terrorismo  y delincuencia organizada.
Existe la necesidad de establecer la conexión existente entre ambos fenómenos o por el contrario, la inclusión o no del terrorismo como una forma más del crimen organizado. Diversos autores de estudios sobre terrorismo nos muestran algunas distinciones entre terrorismo y delincuencia organizada.
Según el autor D. Smith “son las motivaciones económicas las que informan la dedicación a actividades delictivas de las  organizaciones criminales, reservando a los grupos terroristas motivaciones políticas, distinguiendo de este modo entre una forma de delincuencia y otra”.
El Código Penal Español, en su artículo 515 nos dice que son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración:
1) Las que tengan por objeto cometer algún delito o después de constituidas, promuevan su comisión. 2) Las bandas armadas, organizaciones o grupos terroristas.[7]
Baltasar Garzón, en su obra “Narco”, entiende que ambas figuras son afines, y es por ello que defiende un tratamiento similar para las dos: “Es cierto que no pueden equiparse o identificarse absolutamente bajo una misma  rubrica todas las organizaciones terroristas y las organizaciones mafiosas (entendiendo este término  en sentido amplio), pero no lo es menos que casi todos tienen una estructura similar, utilizan medios  similares, persiguen objetivos comunes (políticos o económicos) que facilitan su supervivencia y engrandecimiento y todas ellas atacan desde distintos frentes a la estabilidad de los sistemas democráticos y ponen en cuestión  las instituciones básicas. Por tanto, la actitud frente a ambas deberá  ser idéntica dentro del ámbito de la investigación y represión, con similares medios y técnicas policiales y jurídico-procesales y sobre todo bajo un mismo prisma de coordinación superior, no solo de información, sino incluso de actuación operativa de alcance internacional”[8].
El Dr. Bayardo Ramírez Monagas, define la delincuencia organizada transnacional como: “la asociación o pertenencia de un grupo de tres o más  personas vinculadas con la finalidad u objeto de dedicarse  a una o más actividades  delictivas para obtener beneficios  económicos y de otro orden, en forma constante”[9].
Hay que destacar que los vínculos entre delincuencia organizada y terrorismo no son nuevos. Existen grupos de delincuencia organizada que han utilizado el terrorismo como medio para imponer sus fines de impunidad contra el Estado.
Terrorismo y delincuencia organizada no son conceptos sinónimos. Pues no todos los grupos de delincuencia organizada son terroristas ni todos los terroristas son grupos de delincuencia organizada. Es conveniente distinguir entre los grupos terroristas y los actos de terroristas aislados. Esta distinción no es válida para el caso de delincuencia organizada en la que siempre se trata de un grupo de tres o más personas que concentran sus actos delictivos de manera prolongada.
Es cierto que muchos de los grupos terroristas se financian por actividades ilícitas como el tráfico de armas y drogas, el secuestro, la extorsión… Por tanto, es preciso subrayar como factor clave la posible utilización de la Convención de Palermo para criminalizar estos vínculos, ya que algunas organizaciones terroristas utilizan las actividades delictivas organizadas como  lucro “encubierto”, utilizando el término “financiación”.
Refiriéndonos a las relaciones entre grupos, podemos hacer un análisis de los vínculos entre delincuencia organizada y de los puramente terroristas de la siguiente manera:
·         Grupos de delincuencia organizada que no tienen relación con el terrorismo.
·         Grupos de delincuencia organizada que realizan actividades terroristas tales como el cartel de Medellín o la Mafia italiana que recurrieron al terrorismo en la búsqueda de impunidad.
·         Grupos terroristas que realizan actividades criminales para financiar sus desviados fines políticos.
·         Grupos terroristas que realizan intercambios de bienes con la delincuencia organizada.
·         Organizaciones terroristas no financiadas por delitos.
Se puede hablar de grupos de delincuencia organizada utilizando el terrorismo para conseguir sus fines que son siempre los de obtener beneficios económicos.
Un ejemplo claro lo tenemos con la detención en España hace algunos años de miembros de Al Qaeda que financiaban sus actividades entre otras, mediante el uso de tarjetas de crédito falsas[10].
Debemos distinguir el beneficio económico o financiero que tiene un ánimo totalmente de lucro, del beneficio material que es desarrollar una actividad.  En los códigos civiles del derecho continental se distingue entre sociedad y asociación:
·         Las asociaciones no tienen fines de lucro pero de todas maneras necesitan recursos económicos para desarrollar sus fines.
·         En las sociedades, los socios se obligan mutuamente a combinar sus recursos o esfuerzos para la realización de un fin común de carácter preponderantemente económico.
Los beneficios materiales a los que se refiere la Convención de Palermo tienen por objeto, organizaciones que no tienen fines de lucro pero si cometen delitos para realizar sus fines. De esta manera, las organizaciones terroristas con vínculos con la delincuencia organizada quedarían  incorporadas en esta categoría siempre y cuando cometan acciones ilícitas para obtener beneficios que les permitan desarrollar sus fines.
Las diversas tipologías vinculadas al terrorismo y al crimen organizado, están cubiertas en la Convención de Palermo. Pero hay que destacar que la Convención de Palermo no distingue la motivación política de los actos cometidos por organizaciones delictivas.

2.7 El  papel de los Estados.
Se podría decir que la lucha contra el crimen organizado transnacional no  ha  tenido  el éxito esperado, ya que es necesario que exista una cooperación coordinada entre las agencias responsables combatirlo: compartiendo la información disponible, facilitando   las    investigaciones,   dictando   leyes armonizadas entre todos los países involucrados y estableciendo apoyos técnicos mutuos entre todos los organismos especializados en este fenómeno.
 Los Estados, en general, no han acertado con las soluciones para enfrentar esta amenaza, ya sea porque no tienen los medios apropiados, porque las autoridades no aplican con firmeza las leyes, porque no hay intercambio de informaciones o porque no hay coordinación cooperativa.
Existen dos problemas fundamentales que están enfrentando los acuerdos formales: la falta de universalidad, al existir Estados que no ratifican los tratados, y la falta de puesta en vigor de legislaciones  firmes y duras. Al respecto los Estados deben: ratificar el Tratado de Palermo y dar completo cumplimiento a lo dispuesto en su articulado, única vía para combatir este flagelo que día a día  crece  y se infiltra  en un mayor número de países.

3.    Metodología y resultados
En el desarrollo del presente trabajo se recurrió  a la investigación documental, utilizando el pensar reflexivo y el razonamiento lógico, dicha investigación requiere de la inducción-deducción, del análisis-síntesis, empleando además la creatividad.  El trabajo ha sido posible gracias a la utilización de fuentes bibliográficas que nos han acercado a numerosos autores y obras especializadas en nuestro tema objeto de estudio. Este proceso documental nos ha llevado además, a plantear líneas de debate dentro del grupo de trabajo, lo que nos ha ayudado a seleccionar con mayor criterio el material de estudio, para así tomar  lo aprovechable.
Tras el estudio bibliográfico e inductivo  relacionado con el crimen organizado y el terrorismo se han extraído los siguientes  resultados:
1.      La trascendencia y las características diversas de todos los delitos relacionados con el crimen organizado han obligado a los legisladores a establecer una especificación de tales delitos, de ese modo, se garantiza una mayor preocupación por este problema social.

2.      El desarrollo de las sociedades capitalistas y la globalización han favorecido la proliferación del crimen organizado. Es indudable que el actual proceso de globalización facilitó que las actividades de la mafia adquirieran dimensiones transnacionales en la década pasada, ya que si entendemos la globalización como  el acortamiento de las distancias a escala mundial mediante la aparición y el fortalecimiento de redes de conexiones económicas, tecnológicas, sociales, políticas y ambientalistas, es lógico creer que estos elementos pueden, sin lugar a dudas, ser aprovechados  por la delincuencia para sus fines.

3.      Pese a los intentos de lucha contra el crimen organizado, el crecimiento paulatino de esta lacra ha sido tan pronunciado que incluso las instituciones de los Estados se han visto corrompidas.

4.      Teóricos del Derecho y legisladores no se han puesto de acuerdo a la hora de establecer una línea divisoria para las definiciones de terrorismo y crimen organizado.

5.      La lucha contra el crimen organizado transnacional no  ha  tenido  el éxito esperado, ya que es necesario que exista una cooperación coordinada entre las agencias responsables de combatirlo. No existe una  información compartida    disponible que facilite las investigaciones y que dicte unas   leyes armonizadas entre todos los países involucrados. Tampoco se ha establecido un apoyo en materia  técnica entre todos los organismos especializados en este fenómeno. Los Estados en general no han acertado con las soluciones para enfrentar esta amenaza, ya sea porque no tienen los medios apropiados, porque las autoridades no aplican con firmeza las leyes, porque no hay intercambio de informaciones o porque no hay coordinación cooperativa. Estos  acuerdos se  enfrentan a dos problemas fundamentales;  por un lado,  la falta de universalidad, al existir Estados que no ratifican los tratados, y además,  se carece de una  puesta en vigor de legislaciones  firmes y duras.





4.      Conclusiones
La delincuencia organizada ha aumentado de forma alarmante en los últimos tiempos, pasando a ser un problema  que cada vez genera mayor preocupación social, tanto por su incremento cuantitativo como por su progresiva peligrosidad cualitativa. La delincuencia organizada es además, una característica de sociedades que han alcanzado un cierto nivel de prosperidad. En las grandes ciudades latinoamericanas, la delincuencia organizada está ligada a la obtención delictiva de bienes suntuarios de consumo y por lo general no practican la violencia por la violencia misma sino como medio de obtener sus objetivos materiales.
El creciente conocimiento de la delincuencia ha contribuido a la comprensión de las motivaciones de los criminales de todas las edades.  En los últimos años, esta ha sido agredida desde muchos campos, una de las principales preocupaciones de los criminólogos para aumentar la eficacia de esta labor mediante actuaciones policiales y los procesos judiciales. En numerosas comunidades se han realizado iniciativas destinadas a afrontar las condiciones que generan delincuencia, reconociendo que los delincuentes son el principal producto del hundimiento de las normas sociales  tradicionales, a consecuencia de la industrialización, la urbanización, el incremento de la movilidad física y social y los efectos de la infravivienda, el desempleo, la crisis económica  y las guerras.
Para una prevención efectiva del delito se requiere de instituciones y programas que aporten guías de actuación y de control realizado, tanto en el plano teórico, como en el que atañe a la tradición, por la familia y por la fuerza de la costumbre social es importante el arresto y condena de los delincuentes y plantear la alternativa de su reinserción.
Un hecho importante que debe ser comprendido para la represión y prevención de hechos punibles  perpetrados por organizaciones criminales es que estos crímenes están amparados en estructuras criminales,  por lo que no puede idearse o implementarse una estrategia sino se dispone de información o inteligencia previa que ayuden a comprender el modus operandi con que se impulsan y lucran.
Se debe realizar una fuerte inversión en la formación y capacitación de recursos humanos para la prevención y lucha contra el crimen organizado, recurriendo a la asistencia internacional de países con mayor experiencia y tradición en este tipo de actividad criminal.
La política criminal de hoy ha de elaborar respuestas penales o sociales, alternativas para los grupos de delincuentes, para evitar los efectos negativos y discriminativos  de  la cárcel actual, que contribuya al progreso humano del individuo y, no menos, de las sociedades.

5.     Bibliografía

Garzón Real, Baltasar (1997): Narco. S.L. Editorial Germania



[1] El crimen organizado es un fenómeno multidimensional desarrollado por un grupo de personas que realizan múltiples actividades delictivas (Giménez-Salinas Framis, et al. 2009)
[2] Se ha determinado que las cuatro  primeras condiciones deben darse obligatoriamente  y que deben cumplirse al menos dos  o más de las otras.
[3] La Convención de la ONU contra la delincuencia organizada transnacional establece un protocolo de actuación ante estas actividades delictivas.
[4] Otras instituciones y autores reflejan cifras superiores que oscilan desde 400 mil a 700 mil millones de dólares. World Drug Report, 2011.
[5] Según estadísticas policiales, las víctimas de delitos son principalmente varones de entre 20 y 50 años, pero este dato varía según la tipología de los delitos.
[6] Estas actividades tenían terribles consecuencias para todos los colectivos.
[7] Según este artículo  se le considera asociaciones ilícitas a las que tengan por objeto cometer un delito o promover su comisión, en donde tienen cabida las organizaciones criminales como los grupos terroristas, por separado. Art. 515 del Código Penal Español.
[8] Libro “Narco”, 1997. Sobre la similitud de algunas organizaciones mafiosas y grupos terroristas.
[9] Ensayo sobre la delincuencia organizada: “La delincuencia organizada transnacional como fenómeno global contemporáneo de carácter político, económico y social”.
[10] Auto de procesamiento del Juzgado Central de Instrucción Nº. 5 de la Audiencia Nacional del 28 de noviembre de 2001. Sumario 35/01.

lunes, 25 de mayo de 2015

Miedo al delito

Por Marta Izquierdo y Elena Palacios

Introducción

Son numerosas las ramas de las Ciencias Sociales que muestran interés por el miedo al delito y la percepción de inseguridad a través de sus investigaciones. A pesar de la falta de consenso entre autores acerca de la definición del miedo al delito, en el presente análisis se pretende reunir los criterios más generalizados entre los expertos en esta materia.

En este área existe una necesidad de estudio como afirman muchos de los autores estudiados. Una de las principales causas de esto son los efectos negativos que tiene la percepción de inseguridad y el miedo al delito entre los ciudadanos. Dicha sensación puede llevarles a no desarrollar su vida de una manera normal, provocando ansiedad, nerviosismo o distanciamiento de las actividades comunitarias, entre otras, conllevando una disminución en la calidad de vida.

Resulta interesante el análisis de las conductas de autoprotección que realizan los individuos motivados por ese miedo y que desembocan, en muchas ocasiones, en cambios de hábitos por parte de los ciudadanos. En este punto tampoco existe un acuerdo sobre dichas conductas, y cada autor tiene una perspectiva acerca de su motivación.

En cuanto a las causas que influyen en la existencia del miedo al delito encontramos que los factores socio-físicos como la arquitectura, el urbanismo y características sociales y económicas tienen gran importancia. Así mismo, se dice que el miedo al delito es un fenómeno urbano dado que se produce en este entorno en mayor medida que en las zonas rurales, como lo confirma la literatura científica.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos es la falta de relación entre la percepción de inseguridad y miedo al delito y la tasa objetiva de delitos, ya que son numerosos los estudios que ponen de manifiesto que este miedo que sienten los ciudadanos no siempre se corresponde con el número real de delitos.


Marco teórico.

1. Percepción de inseguridad y miedo al delito.

Autores como Serrano y Vázquez (2007) hacen referencia a la diferencia entre percepción de inseguridad y miedo al delito. Con miedo al delito se refieren al temor que sienten los ciudadanos ante la posibilidad de ser víctimas de un delito, mientras que la percepción está basada en concebir la delincuencia como un problema social, un temor no definido.

A esta explicación sobre la percepción de inseguridad Vozmediano, L., San Juan, C. y Vergara, A. I. (2008: p.2) añaden que no se refieren solo a los delitos habituales como robos, agresiones, etc., si no que incluye “otras preocupaciones como el terrorismo, la presencia de inmigrantes, la seguridad alimentaria y el miedo al cambio climático”.

En cuanto al miedo al delito, una definición ajustada es la de Ferraro (1995: p.8), que afirma que:

“Fear of crime is an emotional responde of dread or anxiety to crime or symbols that a person associates with crime” (“el miedo al delito es una respuesta emocional de nerviosismo o ansiedad al delito o símbolos que la persona asocia al delito”).

Con esta definición se entiende que este temor es una reacción provocada por la sensaci que sufre unbasada en concebirarón que sufre un individuo ante la posibilidad de encontrarse en una situación de riesgo.

En la misma línea, Vozmediano, San Juan y Vergara (2008: p.2) destacan la “naturaleza emocional” del miedo al delito y su exposición al ambiente que le rodea a través de la interpretación que cada persona hace de la información que recibe, dando lugar a “diversas respuestas conativas por parte de los ciudadanos”.

La percepción de inseguridad y el miedo al delito en los ciudadanos son sentimientos en los que influye su manera de pensar y su experiencia personal, así como factores sociales y ambientales que conforman el escenario urbano. De aquí el hecho de que esas emociones sean subjetivas, ya que cada individuo percibe e interpreta lo que sucede a su alrededor en función de dichos elementos.

Por ello no siempre la percepción de inseguridad o el miedo al delito que siente una persona se corresponde con la realidad de lo que ocurre a su alrededor. Diversos estudios y autores muestran como en ocasiones el temor que se siente es mayor que la probabilidad objetiva que tienen de ser víctimas de la delincuencia.

Esto queda demostrado en varios análisis de población y revisiones de textos científicos realizados por César San Juan y Laura Vozmediano, en los que se aprecia que incluso cuando la tasa de delincuencia objetiva disminuye en un barrio o ciudad, existe una parte de la población en la que la percepción de inseguridad y el miedo al delito aumentan.

En varios artículos (Vozmediano, San Juan, y Vergara, 2007: p.3, 2008: p. 3; Vozmediano, 2010: p. 205) se pone como ejemplo de esto los resultados obtenidos de la Encuesta Europea de Delito y Seguridad (EU ICS) del año 2005, en la que se estudia la situación de 19 países europeos. Son numerosos los países en los que se aprecia claramente esa diferencia entre la percepción de inseguridad subjetiva de los ciudadanos y el riesgo objetivo de victimización.

En España esa diferencia es notable ya que de los países que aparecen en el estudio se encuentra en última posición en cuanto al nivel de la tasa objetiva de delitos pero, por el contrario, aparece en sexta posición cuando se valora el miedo al delito que experimentan sus habitantes. A nivel local sucede lo mismo. Así lo corroboran estudios realizados en el País Vasco (Vozmediano, 2010) y en Barcelona.

La combinación de diferentes niveles de delitos objetivos y de miedo al delito en un tiempo y espacio definidos proporcionan cuatro escenarios posibles para los ciudadanos (figura 1).




Figura 1. Escenarios posibles tras la combinación de 
las tasas de delito objetivas y el miedo al delito 
(Vozmediano, Vergara, San Juan, 2007: p.5)


En la situación en la que la tasa de delitos es alta pero los ciudadanos no experimentan altos niveles de temor se corre el riesgo de que estos sean poco precavidos y tengan más posibilidades acabar siendo víctima por no tomar ningún tipo de precaución.

Una mayor intervención se requiere cuando ambos conceptos se encuentran en unos varemos altos. Las autoridades deberían poner medidas para reducir la delincuencia y que las personas pudieran sentirse más seguras, así como enseñarles medidas a través de las cuales puedan reducir el riesgo de convertirse en víctima.

Encontramos que la situación ideal es aquella en el que tanto el miedo al delito como la tasa de delincuencia objetiva son bajas.

Por último, cuando la criminalidad es baja pero el miedo al delito es alto, es necesaria la intervención de las instituciones y autoridades en una escala local para tranquilizar a la población y explicarles la situación real en la que viven, ya que un temor excesivo provoca una disminución de la calidad de vida de las personas.

En cuanto a los elementos que influyen en la aparición de la percepción de inseguridad ciudadana se aprecia claramente la disparidad de opiniones al observar las conclusiones extraídas de diversos estudios, elaborados por especialistas en la materia,  para valorar si los factores personales afectan en el sentimiento de miedo al delito y en qué medida lo hacen (Medina, J. 2003).

Algunas investigaciones concluyen que, según el género, las mujeres son más propensas a sentir miedo ante la posibilidad de ser víctimas de la delincuencia, lo que algunos autores atribuyen a delitos como la agresión sexual. Otras afirman que si se tiene en cuenta la edad, son las personas mayores las que más padecen este temor. Sin embargo, otros estudios son opuestos a estas conclusiones, ya que muestran que en algunos casos estos grupos sociales tienen ese sentimiento en un grado menor y que, incluso, se ven emocionalmente menos afectados frente al delito.

Para algunos autores la clase social o considerarse de una etnia minoritaria son también factores importantes a tener en cuenta, mientras que otros los interpretan como elementos que provocan que los ciudadanos se sientan más vulnerables y con mayores posibilidades de ser víctimas de un delito.

Pero esto no siempre se corresponde con la vulnerabilidad objetiva, aunque ambos factores se utilizan en la medición de la “percepción del riesgo de victimización” (Medina, 2003, p.4 cit. at. Warr, 1987). Esta teoría viene a explicar que aquellos ciudadanos que perciben que tienen un alto riesgo de victimización experimentarán, en consecuencia, un mayor miedo al delito, aunque esto no implica que realmente tengan mayor riesgo de sufrir algún tipo de ataque.

A esto hay que añadir otros factores que aumentan el sentimiento de vulnerabilidad de una persona. Padecer una enfermedad, tener una condición física débil, sentirse con poca capacidad para defenderse, haber sido víctima de algún acto delictivo o que alguien cercano lo haya sido, son factores que propician que una persona se sienta más desprotegida frente a posibles delitos y, por consiguiente, sea más temerosa ante la posibilidad de convertirse en víctima.

Pero los elementos personales no son los únicos que influyen en la percepción de inseguridad ciudadana. Las características sociales y físicas del entorno en el que se encuentra una persona también influyen en el sentimiento que provocan. Circular por un barrio en el que se ven pintadas, fachadas descuidadas y mobiliario de la vía pública en mal estado supone un aumento el miedo que padecen los transeúntes.

Lo mismo sucede cuando algún ciudadano observa conductas incívicas en otras personas en determinadas zonas de la ciudad. Los comportamientos realizados en lugares públicos que no se consideran habituales o normales generan la imagen de descontrol social, provocando un aumento del temor a convertirse en víctima.

Son numerosos los autores que apoyan la teoría de que el miedo al delito provoca terribles consecuencias para los ciudadanos, tanto a nivel individual como en sus relaciones sociales, llegando incluso a provocar cambios conductuales o en la vida cotidiana. Medina (2003) en una revisión de la literatura científica, sustenta dicha opinión basándose en estudios y teorías previas.

“El miedo al delito actúa como un agente catalizador que genera conductas que pueden ser muy destructivas para la vida comunitaria y social, fracturando el sentimiento de comunidad y transformando algunos espacios públicos en áreas que nadie desea visitar” (Medina, 2003, p.3 cit. at. Lewis y Salem, 1986).

Esto puede convertirse en un bucle que perjudica cada vez más la imagen de un barrio o una zona determinada de una ciudad de cara al resto de ciudadanos, así como puede propiciar un aumento del miedo de quienes residen en él o lo visitan. Además, se crean prejuicios hacia los vecinos de dichas zonas, lo que en ocasiones conlleva una marginación o aislamiento por parte del resto de la población.


Fenómeno urbano.

Dada la forma en la que el miedo al delito afecta a los individuos y que se manifiesta de manera más habitual en las ciudades, como apoya la literatura científica, este temor se considera un fenómeno urbano (Medina, 2003; Vozmediano, 2010; Vozmediano, San Juan, Vergara, 2007).

Que la percepción subjetiva de inseguridad se sienta en menor medida entre los habitantes de áreas rurales puede deberse a la tradición de una mayor relación y confianza entre sus vecinos. Hasta hace apenas unos años, era habitual ir paseando por las calles de los pueblos y encontrarse que las puertas de las casas estaban abiertas. Incluso hoy en día se sigue produciendo, aunque la desconfianza ha aumentado, en parte provocada por el aumento de la urbanización y por la llegada de inmigrantes que se trasladan a estas zonas a buscar trabajo en el campo.

En las urbes son múltiples los elementos que afectan en este proceso. El ritmo de vida más ajetreado, un número mayor de habitantes y una mayor distancia en las relaciones personales provoca que no sea muy habitual conocer a todos los miembros que componen el vecindario, quitando a los del edificio en el que está situada la vivienda o un círculo un poco más amplio si se vive en una urbanización. Es por ello que el nivel de confianza en las personas del propio entorno es menor que en las zonas rurales.

Pero no solo las relaciones sociales influyen en este sentimiento de inseguridad. El aspecto físico de las ciudades también juega un papel fundamental. Como se ha dicho anteriormente, la apariencia física de edificios y calles tiene gran impacto en la percepción de seguridad y el miedo al delito. Un entorno descuidado y maltratado puede dar la sensación de abandono tanto por parte de las personas que residen en él como por parte de las instituciones gobernantes de la ciudad. Como consecuencia, estos núcleos se sumergen en una espiral de desgaste estructural y social que potencia este temor.

Todo esto implica que la gente lleve a cabo lo que se conoce como “conductas de autoprotección”. Esto se refiere a los comportamiento que se realizan como consecuencia del temor a ser víctima de un delito. En algunos casos estos actos provocan que se proceda con actitudes extremas que perjudican gravemente a la calidad de vida.

Vozmediano justifica de esta manera la necesidad de atajar la aparición del miedo al delito entre los ciudadanos para mejorar así las condiciones de vida y evitar los efectos negativos que provoca este sentimiento:

“La posible merma en la calidad de vida y el perjuicio en el acceso libre de todos los ciudadanos a los espacios públicos, justifican la relevancia social de este objeto de estudio, y ponen de relieve la necesidad de identificar e intervenir sobre los antecedentes del miedo, como vía para la promoción de la calidad de vida urbana” (Vozmediano, 2010: p. 206).

Con estas palabras intenta hacer visible la necesidad de persistir en el estudio de porqué se produce, cómo se desarrolla y qué consecuencias tiene este temor entre los ciudadanos, así como hacer una llamada de atención a las instituciones y autoridades reclamando su colaboración para evitar que esto suceda.

Conclusiones.

Con la argumentación expuesta por los autores analizados, resulta evidente la necesidad de profundizar en la investigación y metodología de estudios para obtener las claves de cómo reducir la percepción de inseguridad y el miedo al delito entre la población.

Resulta sencillo encontrar ejemplos claros de todo lo explicado en nuestro entorno en nuestro día a día. Esto sucede cuando los ciudadanos evitan pasar por zonas consideradas marginales o que tienen una apariencia física deteriorada pensando que así no serán un objetivo fácil para los delincuentes. Pero esto no es cierto, ya que existen las mismas posibilidades de ser víctima en cualquier entorno.

Esto conlleva que se creen perjuicios falsos e innecesarios sobre las personas que residen en estas zonas, ya que porque carezcan de recursos suficientes para poder vivir en otras áreas, no implica que sean delincuentes o descuiden el entorno en el que viven. Hasta en las mejores zonas de las ciudades puede observarse el rastro de actos vandálicos, que rápidamente los ayuntamientos ‘limpian’ e intentar erradicar para mantener la ‘buena imagen’ de la ciudad de cara al turismo y el beneficio económico de la urbe, lo que no ocurre en los barrios más perjudicados y peor considerados.

Es habitual que la percepción de inseguridad que tienen los ciudadanos no se corresponda con la tasa de delitos objetiva, por ello consideramos que las instituciones y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que tienen en su posesión los datos reales, deberían informar a la sociedad para reducir este temor y mejorar con ello su calidad de vida.



Bibliografía.

Ferraro, K.F. (1995). “Fear or cime: Interpreting Victimization Risk”. Albany, NY. State University of New York Press.

Medina, J. (2003). “Inseguridad ciudadana, miedo al delito y Policía en España”. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. Nº 05-03, p. 03:1-03:21. ISSN 1695-0194.

Serrano,  A. y Vázquez, C. (2007). “Tendencias de la criminalidad y percepción social de la inseguridad ciudadana en España y la Unión Europea”. Madrid. Edisofer, S.L. P.95-122.

Vozmediano, L. (2010). “Percepción de inseguridad y conductas de autoprotección: propuestas para una medición contextualizada del miedo al delito”.  Eguzkilore. Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología. San Sebastián. Universidad del País Vasco. Nº 24, diciembre de 2010. P. 203-237.
Recuperado el 10 de marzo de 2015 de:
http://www.ehu.eus/documents/1736829/2176981/14-VOZMEDIANO.pdf

Vozmediano, L., San Juan, C. y Vergara, A.I. (2007). “El estudio científico del miedo al delito: algunas reflexiones sobre un fenómeno urbano, mediático y político”. International e-journal of criminal sciences. Art. 1, nº 1.

Vozmediado, L., San Juan, C. y Vergara, A.I. (2008). “Problemas de medición del miedo al delito. Algunas respuestas teóricas y técnicas”. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología 10-07. ISSN 1695-0194.