La delincuencia juvenil es un fenómeno social que agrupa adolescentes que se desvían de las normas de comportamiento aceptadas en los valores de la familia, la sociedad y del Estado. Es una combinación de diversos factores de riesgo social, y se presenta como una manifestación de la pobreza estructural donde se han perdido los valores morales ocasionando violencia, agresividad, competencia, y consumismo.
Los representantes de los derechos humanos confirman que los menores de 18 años son considerados niños en proceso de maduración para convertirse en adultos, y como niños no tienen el desarrollo mental para entender las consecuencias reales de sus acciones delictivas.
Esther Fernández Molina y Pilar Tarancón Gómez demuestran en un estudio la percepción negativa que los adultos tienen hacia los jóvenes en la actualidad. En dicho informe, un 88% de los encuestados considera que los jóvenes de hoy son menos respetuosos que los de hace 20 años. Además, la gran mayoría considera que su origen es producto fundamentalmente de factores sociales y económicos (87,8%). Así, mientras que la mejor forma para reducir la delincuencia juvenil se considera que es más disciplina en la familia y en la escuela (47,9%), para los adultos la mejor forma es condenas más duras (37,9%).
Según los medios, la delincuencia juvenil está creciendo de forma rápida y sin control, siendo cada vez más el número de delitos cometidos y cada vez de mayor gravedad. Pero, ¿es esto cierto o es otra manipulación? Una noticia de Radio Televisión Española explicaba lo contrario. En esta se recalcaba que un total de 17.444 menores de entre 14 y 17 años fueron condenados en 2013 en España por haber cometido algún delito o falta, lo que supuso un 8,8% menos respecto a 2012 y la cifra más baja de los últimos cuatro años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, si nos comparamos con otros países, España es uno de los que menores índices delictivos tienen. Por lo tanto, se trata otra vez de la exageración de los medios.
Asimismo, un informe del Ministerio del Interior español constataba esta realidad y subrayaba que la familia es el gran 'colchón' de apoyo de los cientos de miles de parados o personas que se hallan en situaciones que rayan la pobreza extrema, lo que a su vez ha evitado que las mismas hayan tenido que recurrir a la delincuencia para salir de esta situación.
Como mencionaba antes, los adolescentes están en un proceso de maduración y por lo tanto, existen muchos factores de riesgo que los pueden incitar a delinquir. Como son: la pobreza, la desigualdad económica, la falta de opciones económicas debido a bajos niveles de educación y el desempleo, la marginación social, una baja autoestima, la violencia por parte de fuerzas del Estado o rivales, los problemas familiares, o la falta de facilidades de recreación, es decir la ociosidad.
Por lo tanto, tendríamos que fijarnos bien en todos estos factores y estudiarlos. La mayoría de las veces son los encargados de transformar nuestra conducta, y más cuando somos jóvenes y no somos conscientes de nuestros actos. Muchos suelen dejarse influenciar por el entorno en el que viven o las amistades que tienen porque simplemente queremos “quedar bien”. El problema es que esto puede volverse un “vicio” a medida que se hace o se repite, y alterar nuestro carácter de manera total.
Con respecto a la reinserción, estoy de acuerdo en que merecemos una segunda oportunidad, Pienso que victimario y familia pueden trabajar conjuntamente en reflexión para que no solamente el ciudadano pueda no reincidir, sino para que además no sea expulsado de su comunidad.
Si se ha cometido un delito penal la persona se merece un castigo, siempre ajustado a la falta cometida. Pero, también se tiene que intentar dar alternativas para poder modificar lo realizado y esto solo se podría hacer a través de un programa, y de que la victima pueda ser reparada en términos donde el victimario pueda aportar soluciones y las construya con ella. Así es como se podría reconstruir a dicha persona, y automáticamente se reintegraría al ciudadano en la familia y en la comunidad, sólo y desde mi punto de vista, cuando no se haya cometido una violación o asesinato.
Lectura 3
Inma Sevilla
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