El
miedo al delito es un factor muy común en la sociedad. Las noticias, las
leyendas y las precauciones que desde niños forman parte de la vida del ser
humano son definitorias del comportamiento. Todo ello nos lleva a pensar que el
miedo de los ciudadanos se basa en percepciones y representaciones de la
delincuencia y la violencia que producen de mediaciones, interpretaciones y
significaciones más que de autenticas experiencias.
El
miedo al delito es un concepto genérico, que tiene su origen en la situación de
victimización directa y posteriormente es trasladado, a través de la red que
forma la sociedad, creando discursos sobre inseguridad que consigue desplazar
en la escala de importancia a las necesidades básicas. Este cambio en la
percepción de la seguridad provoca un impacto psicológico que lleva a que el
ciudadano se sienta inseguro. Además esta sensación consigue cambiar de forma
drástica las conductas, el humor y los hábitos.
Todas
estas sensaciones, estados e ideas son implantadas por la sociedad, sus
individuos y en especial por los medios de comunicación que consiguen llegar a
todos y transmitir cualquier cosa. Las noticias de sucesos repetidos una y otra
vez, cada día con más detalles, llevan a que los ciudadanos tengan un miedo
anticipado que en la mayoría de las ocasiones es peor que el propio delito,
pues se hace cada vez más grande y sin motivo alguno. La seguridad percibida y la
objetiva son totalmente diferentes pues los delitos no son tan numerosos como
se piensa. Existe una sobreestimación del delito que repercute de forma
negativa sobre los seres humanos. Las sensaciones de miedo depende de una
vivencia, una experiencia personal, pero también de lo que les rodea y de cómo
les llegan los mensajes. Está claro que existen muchos más factores personales
(la precariedad, desempleo, etc) y sociales que influyen en la percepción y en
la sensación de miedo.
Esta
inseguridad, este miedo al delito por parte de los ciudadanos se usa como herramientas para ganar y perder unas elecciones, ya
que lo políticos aprovechan para hacer y prometer la seguridad que con tanta
desesperación buscan muchos de los votantes. El objeto criminal resulta ser una
construcción de la sociedad que solo daña y debilita a los ciudadanos y los
hace más manipulables en manos de políticos que lo único que quieren es ganar y
no cambiar las cosas que realmente importan. De ahí se llega a la conclusión de
que hace más daño el miedo a un delito que no se ha cometido y que
probablemente nunca se comentará que el propio delito y de la degradación de la
calidad de vida que las sociedades democráticas están sufriendo.
Se
necesita encontrar una manera de informar sin atemorizar, interviniendo sobre
los antecedentes del miedo y así poder promover una mayor calidad de vida
urbana y volver a construir la escala de necesidades que de verdad necesitamos
en al sociedad. La medición del miedo al delito podría ayudar si fuera más
concreta y ofreciera resultados y respuestas de cómo reparar el daño. Sin
embargo, en mi opinión los estudios solo ayudan a victimizar y a influenciar las respuesta. Es momento
de informar y educar a la sociedad.
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