lunes, 25 de mayo de 2015

#Lectura 1: Encharcados en sangre ficticia
Por Míriam Garví
Cuando se ha de recurrir a mostrar actos explícitos en televisión o prensa, sobre todo en publicidad, para que la población comprenda ciertos temas, hay algo que no funciona. Pero lo que es cierto, es que son eficaces, conciencian, y lo más importante, se refleja en datos. Las últimas campañas a favor de la seguridad vial, según datos ofrecidos por los medios de comunicación, han producido un descenso de los accidentes. Hace tiempo que los ciudadanos estamos tan expuestos y acostumbrados a ver violencia, que unas simples palabras no nos bastan. Ya no recorre un escalofría nuestra espalda la cifra de muertos en accidentes de tráfico. Sí lo hace observar a un niño pequeño salir volando por la luna delantera.

Que la violencia, por el contrario, sí se haya convertido en tendencia en nuestras pantallas en preocupante y puede despertar una concienciación inversa a la esperada: que la violencia y los actos peligrosos nos parezcan normales, que terminemos por creer que no están comprometiendo nuestra salud o bienestar psíquico o físico. Desde la más tierna infancia hemos visionado tantas muertes, accidentes y maltratos en televisión y el cine, que otro tiro en la espalda nos parece un mero juego de niños. Ya no nos sobresaltamos ante un cuchillo en las pantallas, ni mucho menos ante una amenaza. De lo contrario seríamos un manojo de nervios sentados en el sofá, y si no que se lo digan a los seguidores de Juego de Tronos o similares. La violencia, el delito, el crimen, el dolor, han salpicado tanto nuestras mentes que somos impermeables al sufrimiento ajeno. Los telediarios algo parecido. Titulares como “800 muertos en Lampedusa” nos parecen tan lejanos que ni siquiera nos detenemos a leer el cuerpo de la noticia. Ahora somos una generación que no se inquieta fácilmente. Pues solo quien está cerca de la tragedia es capaz de comprender cuánto esconde. El resto, nos conformamos con leer los créditos, y esperar el próximo capítulo. 

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