Existen dos factores que influyen en el miedo al delito, el primero es ser víctima de un delito, es decir haber tenido una mala experiencia en torno a esto, y el segundo es de pura percepción, la influencia de los medios de comunicación.
Con respecto al primer factor, lo que habría que hacer es una estrategia por parte de las instituciones que combaten el delito para disminuir los principios delictivos de nuestra población. Aunque en muchas ocasiones esto no es posible porque todo depende también del contexto social en el que nos encontramos, del perfil de los ciudadanos y de las actitudes. Asimismo, la policía sólo es un paliativo, no puede evitar todos los delitos ni las muertes y así me lo explicó una vez Manuel Calvache, inspector del Equipo de Violencia sobre la Mujer y Menores de Elche.
Según he leído en "Problemas de medición del miedo al delito", los delitos, además de muchos otros efectos negativos directos, generan miedo y ese miedo tiene consecuencias perjudiciales para la vida de las personas, convirtiéndolas en víctimas indirectas. Si lo relacionamos con los medios de comunicación y su veraz cobertura del crimen, que son quienes convierten a la sociedad en rehenes de su propio miedo, pues mucho peor.
La gran mayoría piensa que la televisión induce al crimen y a los comportamientos antisociales, como la violencia. Y es cierto, los medios son los que crean la sensación de inseguridad en nosotros. Sin embargo, aunque sea manipulable, la televisión es un medio reproductor de la realidad social y por tanto, es en ese ambiente donde hay que buscar con más profundidad las conductas criminales y antisociales.
Un estudio de la Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología, demuestra que el desorden social, la región, la victimización directa o indirecta, la edad, el género, la percepción de riesgo, el tamaño del hábitat, y el autoposicionamiento político son predictores significativos del miedo al delito. Además, en dicho análisis se explica que la policía no puede hacer nada para prevenir el miedo al delito. Es decir, al margen de aumentar la presencia policial, se debe producir un cambio en el tipo de estrategias policiales desarrolladas y de las interacciones mantenidas con los ciudadanos.
En definitiva y a mi parecer, una parte de la reducción del miedo al delito sólo podría venir de cambios en nuestras concepciones sobre la vida en sociedad.
Lectura 2
Inma Sevilla
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