lunes, 25 de mayo de 2015

Miedo al delito

Por Marta Izquierdo y Elena Palacios

Introducción

Son numerosas las ramas de las Ciencias Sociales que muestran interés por el miedo al delito y la percepción de inseguridad a través de sus investigaciones. A pesar de la falta de consenso entre autores acerca de la definición del miedo al delito, en el presente análisis se pretende reunir los criterios más generalizados entre los expertos en esta materia.

En este área existe una necesidad de estudio como afirman muchos de los autores estudiados. Una de las principales causas de esto son los efectos negativos que tiene la percepción de inseguridad y el miedo al delito entre los ciudadanos. Dicha sensación puede llevarles a no desarrollar su vida de una manera normal, provocando ansiedad, nerviosismo o distanciamiento de las actividades comunitarias, entre otras, conllevando una disminución en la calidad de vida.

Resulta interesante el análisis de las conductas de autoprotección que realizan los individuos motivados por ese miedo y que desembocan, en muchas ocasiones, en cambios de hábitos por parte de los ciudadanos. En este punto tampoco existe un acuerdo sobre dichas conductas, y cada autor tiene una perspectiva acerca de su motivación.

En cuanto a las causas que influyen en la existencia del miedo al delito encontramos que los factores socio-físicos como la arquitectura, el urbanismo y características sociales y económicas tienen gran importancia. Así mismo, se dice que el miedo al delito es un fenómeno urbano dado que se produce en este entorno en mayor medida que en las zonas rurales, como lo confirma la literatura científica.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos es la falta de relación entre la percepción de inseguridad y miedo al delito y la tasa objetiva de delitos, ya que son numerosos los estudios que ponen de manifiesto que este miedo que sienten los ciudadanos no siempre se corresponde con el número real de delitos.


Marco teórico.

1. Percepción de inseguridad y miedo al delito.

Autores como Serrano y Vázquez (2007) hacen referencia a la diferencia entre percepción de inseguridad y miedo al delito. Con miedo al delito se refieren al temor que sienten los ciudadanos ante la posibilidad de ser víctimas de un delito, mientras que la percepción está basada en concebir la delincuencia como un problema social, un temor no definido.

A esta explicación sobre la percepción de inseguridad Vozmediano, L., San Juan, C. y Vergara, A. I. (2008: p.2) añaden que no se refieren solo a los delitos habituales como robos, agresiones, etc., si no que incluye “otras preocupaciones como el terrorismo, la presencia de inmigrantes, la seguridad alimentaria y el miedo al cambio climático”.

En cuanto al miedo al delito, una definición ajustada es la de Ferraro (1995: p.8), que afirma que:

“Fear of crime is an emotional responde of dread or anxiety to crime or symbols that a person associates with crime” (“el miedo al delito es una respuesta emocional de nerviosismo o ansiedad al delito o símbolos que la persona asocia al delito”).

Con esta definición se entiende que este temor es una reacción provocada por la sensaci que sufre unbasada en concebirarón que sufre un individuo ante la posibilidad de encontrarse en una situación de riesgo.

En la misma línea, Vozmediano, San Juan y Vergara (2008: p.2) destacan la “naturaleza emocional” del miedo al delito y su exposición al ambiente que le rodea a través de la interpretación que cada persona hace de la información que recibe, dando lugar a “diversas respuestas conativas por parte de los ciudadanos”.

La percepción de inseguridad y el miedo al delito en los ciudadanos son sentimientos en los que influye su manera de pensar y su experiencia personal, así como factores sociales y ambientales que conforman el escenario urbano. De aquí el hecho de que esas emociones sean subjetivas, ya que cada individuo percibe e interpreta lo que sucede a su alrededor en función de dichos elementos.

Por ello no siempre la percepción de inseguridad o el miedo al delito que siente una persona se corresponde con la realidad de lo que ocurre a su alrededor. Diversos estudios y autores muestran como en ocasiones el temor que se siente es mayor que la probabilidad objetiva que tienen de ser víctimas de la delincuencia.

Esto queda demostrado en varios análisis de población y revisiones de textos científicos realizados por César San Juan y Laura Vozmediano, en los que se aprecia que incluso cuando la tasa de delincuencia objetiva disminuye en un barrio o ciudad, existe una parte de la población en la que la percepción de inseguridad y el miedo al delito aumentan.

En varios artículos (Vozmediano, San Juan, y Vergara, 2007: p.3, 2008: p. 3; Vozmediano, 2010: p. 205) se pone como ejemplo de esto los resultados obtenidos de la Encuesta Europea de Delito y Seguridad (EU ICS) del año 2005, en la que se estudia la situación de 19 países europeos. Son numerosos los países en los que se aprecia claramente esa diferencia entre la percepción de inseguridad subjetiva de los ciudadanos y el riesgo objetivo de victimización.

En España esa diferencia es notable ya que de los países que aparecen en el estudio se encuentra en última posición en cuanto al nivel de la tasa objetiva de delitos pero, por el contrario, aparece en sexta posición cuando se valora el miedo al delito que experimentan sus habitantes. A nivel local sucede lo mismo. Así lo corroboran estudios realizados en el País Vasco (Vozmediano, 2010) y en Barcelona.

La combinación de diferentes niveles de delitos objetivos y de miedo al delito en un tiempo y espacio definidos proporcionan cuatro escenarios posibles para los ciudadanos (figura 1).




Figura 1. Escenarios posibles tras la combinación de 
las tasas de delito objetivas y el miedo al delito 
(Vozmediano, Vergara, San Juan, 2007: p.5)


En la situación en la que la tasa de delitos es alta pero los ciudadanos no experimentan altos niveles de temor se corre el riesgo de que estos sean poco precavidos y tengan más posibilidades acabar siendo víctima por no tomar ningún tipo de precaución.

Una mayor intervención se requiere cuando ambos conceptos se encuentran en unos varemos altos. Las autoridades deberían poner medidas para reducir la delincuencia y que las personas pudieran sentirse más seguras, así como enseñarles medidas a través de las cuales puedan reducir el riesgo de convertirse en víctima.

Encontramos que la situación ideal es aquella en el que tanto el miedo al delito como la tasa de delincuencia objetiva son bajas.

Por último, cuando la criminalidad es baja pero el miedo al delito es alto, es necesaria la intervención de las instituciones y autoridades en una escala local para tranquilizar a la población y explicarles la situación real en la que viven, ya que un temor excesivo provoca una disminución de la calidad de vida de las personas.

En cuanto a los elementos que influyen en la aparición de la percepción de inseguridad ciudadana se aprecia claramente la disparidad de opiniones al observar las conclusiones extraídas de diversos estudios, elaborados por especialistas en la materia,  para valorar si los factores personales afectan en el sentimiento de miedo al delito y en qué medida lo hacen (Medina, J. 2003).

Algunas investigaciones concluyen que, según el género, las mujeres son más propensas a sentir miedo ante la posibilidad de ser víctimas de la delincuencia, lo que algunos autores atribuyen a delitos como la agresión sexual. Otras afirman que si se tiene en cuenta la edad, son las personas mayores las que más padecen este temor. Sin embargo, otros estudios son opuestos a estas conclusiones, ya que muestran que en algunos casos estos grupos sociales tienen ese sentimiento en un grado menor y que, incluso, se ven emocionalmente menos afectados frente al delito.

Para algunos autores la clase social o considerarse de una etnia minoritaria son también factores importantes a tener en cuenta, mientras que otros los interpretan como elementos que provocan que los ciudadanos se sientan más vulnerables y con mayores posibilidades de ser víctimas de un delito.

Pero esto no siempre se corresponde con la vulnerabilidad objetiva, aunque ambos factores se utilizan en la medición de la “percepción del riesgo de victimización” (Medina, 2003, p.4 cit. at. Warr, 1987). Esta teoría viene a explicar que aquellos ciudadanos que perciben que tienen un alto riesgo de victimización experimentarán, en consecuencia, un mayor miedo al delito, aunque esto no implica que realmente tengan mayor riesgo de sufrir algún tipo de ataque.

A esto hay que añadir otros factores que aumentan el sentimiento de vulnerabilidad de una persona. Padecer una enfermedad, tener una condición física débil, sentirse con poca capacidad para defenderse, haber sido víctima de algún acto delictivo o que alguien cercano lo haya sido, son factores que propician que una persona se sienta más desprotegida frente a posibles delitos y, por consiguiente, sea más temerosa ante la posibilidad de convertirse en víctima.

Pero los elementos personales no son los únicos que influyen en la percepción de inseguridad ciudadana. Las características sociales y físicas del entorno en el que se encuentra una persona también influyen en el sentimiento que provocan. Circular por un barrio en el que se ven pintadas, fachadas descuidadas y mobiliario de la vía pública en mal estado supone un aumento el miedo que padecen los transeúntes.

Lo mismo sucede cuando algún ciudadano observa conductas incívicas en otras personas en determinadas zonas de la ciudad. Los comportamientos realizados en lugares públicos que no se consideran habituales o normales generan la imagen de descontrol social, provocando un aumento del temor a convertirse en víctima.

Son numerosos los autores que apoyan la teoría de que el miedo al delito provoca terribles consecuencias para los ciudadanos, tanto a nivel individual como en sus relaciones sociales, llegando incluso a provocar cambios conductuales o en la vida cotidiana. Medina (2003) en una revisión de la literatura científica, sustenta dicha opinión basándose en estudios y teorías previas.

“El miedo al delito actúa como un agente catalizador que genera conductas que pueden ser muy destructivas para la vida comunitaria y social, fracturando el sentimiento de comunidad y transformando algunos espacios públicos en áreas que nadie desea visitar” (Medina, 2003, p.3 cit. at. Lewis y Salem, 1986).

Esto puede convertirse en un bucle que perjudica cada vez más la imagen de un barrio o una zona determinada de una ciudad de cara al resto de ciudadanos, así como puede propiciar un aumento del miedo de quienes residen en él o lo visitan. Además, se crean prejuicios hacia los vecinos de dichas zonas, lo que en ocasiones conlleva una marginación o aislamiento por parte del resto de la población.


Fenómeno urbano.

Dada la forma en la que el miedo al delito afecta a los individuos y que se manifiesta de manera más habitual en las ciudades, como apoya la literatura científica, este temor se considera un fenómeno urbano (Medina, 2003; Vozmediano, 2010; Vozmediano, San Juan, Vergara, 2007).

Que la percepción subjetiva de inseguridad se sienta en menor medida entre los habitantes de áreas rurales puede deberse a la tradición de una mayor relación y confianza entre sus vecinos. Hasta hace apenas unos años, era habitual ir paseando por las calles de los pueblos y encontrarse que las puertas de las casas estaban abiertas. Incluso hoy en día se sigue produciendo, aunque la desconfianza ha aumentado, en parte provocada por el aumento de la urbanización y por la llegada de inmigrantes que se trasladan a estas zonas a buscar trabajo en el campo.

En las urbes son múltiples los elementos que afectan en este proceso. El ritmo de vida más ajetreado, un número mayor de habitantes y una mayor distancia en las relaciones personales provoca que no sea muy habitual conocer a todos los miembros que componen el vecindario, quitando a los del edificio en el que está situada la vivienda o un círculo un poco más amplio si se vive en una urbanización. Es por ello que el nivel de confianza en las personas del propio entorno es menor que en las zonas rurales.

Pero no solo las relaciones sociales influyen en este sentimiento de inseguridad. El aspecto físico de las ciudades también juega un papel fundamental. Como se ha dicho anteriormente, la apariencia física de edificios y calles tiene gran impacto en la percepción de seguridad y el miedo al delito. Un entorno descuidado y maltratado puede dar la sensación de abandono tanto por parte de las personas que residen en él como por parte de las instituciones gobernantes de la ciudad. Como consecuencia, estos núcleos se sumergen en una espiral de desgaste estructural y social que potencia este temor.

Todo esto implica que la gente lleve a cabo lo que se conoce como “conductas de autoprotección”. Esto se refiere a los comportamiento que se realizan como consecuencia del temor a ser víctima de un delito. En algunos casos estos actos provocan que se proceda con actitudes extremas que perjudican gravemente a la calidad de vida.

Vozmediano justifica de esta manera la necesidad de atajar la aparición del miedo al delito entre los ciudadanos para mejorar así las condiciones de vida y evitar los efectos negativos que provoca este sentimiento:

“La posible merma en la calidad de vida y el perjuicio en el acceso libre de todos los ciudadanos a los espacios públicos, justifican la relevancia social de este objeto de estudio, y ponen de relieve la necesidad de identificar e intervenir sobre los antecedentes del miedo, como vía para la promoción de la calidad de vida urbana” (Vozmediano, 2010: p. 206).

Con estas palabras intenta hacer visible la necesidad de persistir en el estudio de porqué se produce, cómo se desarrolla y qué consecuencias tiene este temor entre los ciudadanos, así como hacer una llamada de atención a las instituciones y autoridades reclamando su colaboración para evitar que esto suceda.

Conclusiones.

Con la argumentación expuesta por los autores analizados, resulta evidente la necesidad de profundizar en la investigación y metodología de estudios para obtener las claves de cómo reducir la percepción de inseguridad y el miedo al delito entre la población.

Resulta sencillo encontrar ejemplos claros de todo lo explicado en nuestro entorno en nuestro día a día. Esto sucede cuando los ciudadanos evitan pasar por zonas consideradas marginales o que tienen una apariencia física deteriorada pensando que así no serán un objetivo fácil para los delincuentes. Pero esto no es cierto, ya que existen las mismas posibilidades de ser víctima en cualquier entorno.

Esto conlleva que se creen perjuicios falsos e innecesarios sobre las personas que residen en estas zonas, ya que porque carezcan de recursos suficientes para poder vivir en otras áreas, no implica que sean delincuentes o descuiden el entorno en el que viven. Hasta en las mejores zonas de las ciudades puede observarse el rastro de actos vandálicos, que rápidamente los ayuntamientos ‘limpian’ e intentar erradicar para mantener la ‘buena imagen’ de la ciudad de cara al turismo y el beneficio económico de la urbe, lo que no ocurre en los barrios más perjudicados y peor considerados.

Es habitual que la percepción de inseguridad que tienen los ciudadanos no se corresponda con la tasa de delitos objetiva, por ello consideramos que las instituciones y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que tienen en su posesión los datos reales, deberían informar a la sociedad para reducir este temor y mejorar con ello su calidad de vida.



Bibliografía.

Ferraro, K.F. (1995). “Fear or cime: Interpreting Victimization Risk”. Albany, NY. State University of New York Press.

Medina, J. (2003). “Inseguridad ciudadana, miedo al delito y Policía en España”. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología. Nº 05-03, p. 03:1-03:21. ISSN 1695-0194.

Serrano,  A. y Vázquez, C. (2007). “Tendencias de la criminalidad y percepción social de la inseguridad ciudadana en España y la Unión Europea”. Madrid. Edisofer, S.L. P.95-122.

Vozmediano, L. (2010). “Percepción de inseguridad y conductas de autoprotección: propuestas para una medición contextualizada del miedo al delito”.  Eguzkilore. Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología. San Sebastián. Universidad del País Vasco. Nº 24, diciembre de 2010. P. 203-237.
Recuperado el 10 de marzo de 2015 de:
http://www.ehu.eus/documents/1736829/2176981/14-VOZMEDIANO.pdf

Vozmediano, L., San Juan, C. y Vergara, A.I. (2007). “El estudio científico del miedo al delito: algunas reflexiones sobre un fenómeno urbano, mediático y político”. International e-journal of criminal sciences. Art. 1, nº 1.

Vozmediado, L., San Juan, C. y Vergara, A.I. (2008). “Problemas de medición del miedo al delito. Algunas respuestas teóricas y técnicas”. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología 10-07. ISSN 1695-0194.

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