Por Marta Izquierdo y Elena Palacios
Introducción
Son
numerosas las ramas de las Ciencias Sociales que muestran interés por el miedo
al delito y la percepción de inseguridad a través de sus investigaciones. A
pesar de la falta de consenso entre autores acerca de la definición del miedo
al delito, en el presente análisis se pretende reunir los criterios más
generalizados entre los expertos en esta materia.
En
este área existe una necesidad de estudio como afirman muchos de los autores
estudiados. Una de las principales causas de esto son los efectos negativos que
tiene la percepción de inseguridad y el miedo al delito entre los ciudadanos.
Dicha sensación puede llevarles a no desarrollar su vida de una manera normal,
provocando ansiedad, nerviosismo o distanciamiento de las actividades
comunitarias, entre otras, conllevando una disminución en la calidad de vida.
Resulta
interesante el análisis de las conductas de autoprotección que realizan los individuos
motivados por ese miedo y que desembocan, en muchas ocasiones, en cambios de
hábitos por parte de los ciudadanos. En este punto tampoco existe un acuerdo
sobre dichas conductas, y cada autor tiene una perspectiva acerca de su
motivación.
En
cuanto a las causas que influyen en la existencia del miedo al delito
encontramos que los factores socio-físicos como la arquitectura, el urbanismo y
características sociales y económicas tienen gran importancia. Así mismo, se
dice que el miedo al delito es un fenómeno urbano dado que se produce en este
entorno en mayor medida que en las zonas rurales, como lo confirma la
literatura científica.
Sin
embargo, uno de los aspectos más llamativos es la falta de relación entre la
percepción de inseguridad y miedo al delito y la tasa objetiva de delitos, ya
que son numerosos los estudios que ponen de manifiesto que este miedo que
sienten los ciudadanos no siempre se corresponde con el número real de delitos.
Marco teórico.
1. Percepción
de inseguridad y miedo al delito.
Autores
como Serrano y Vázquez (2007) hacen referencia a la
diferencia entre percepción de inseguridad y miedo al delito. Con miedo al
delito se refieren al temor que sienten los ciudadanos ante la posibilidad de
ser víctimas de un delito, mientras que la percepción está basada en concebir
la delincuencia como un problema social, un temor no definido.
A
esta explicación sobre la percepción de inseguridad Vozmediano, L., San Juan,
C. y Vergara, A. I. (2008: p.2) añaden que no se refieren
solo a los delitos habituales como robos, agresiones, etc., si no que incluye
“otras preocupaciones como el terrorismo, la presencia de inmigrantes, la
seguridad alimentaria y el miedo al cambio climático”.
En
cuanto al miedo al delito, una definición ajustada es la de Ferraro (1995: p.8), que afirma que:
“Fear
of crime is an emotional responde of dread or anxiety to crime or symbols that
a person associates with crime” (“el miedo al delito es una respuesta emocional
de nerviosismo o ansiedad al delito o símbolos que la persona asocia al delito”).
Con esta
definición se entiende que este temor es una reacción provocada por la sensación
que sufre un individuo ante la posibilidad de encontrarse en una situación de
riesgo.
En
la misma línea, Vozmediano, San Juan y Vergara (2008: p.2) destacan la
“naturaleza emocional” del miedo al delito y su exposición al ambiente que le
rodea a través de la interpretación que cada persona hace de la información que
recibe, dando lugar a “diversas respuestas conativas por parte de los
ciudadanos”.
La
percepción de inseguridad y el miedo al delito en los ciudadanos son
sentimientos en los que influye su manera de pensar y su experiencia personal,
así como factores sociales y ambientales que conforman el escenario urbano. De
aquí el hecho de que esas emociones sean subjetivas, ya que cada individuo
percibe e interpreta lo que sucede a su alrededor en función de dichos
elementos.
Por
ello no siempre la percepción de inseguridad o el miedo al delito que siente
una persona se corresponde con la realidad de lo que ocurre a su alrededor.
Diversos estudios y autores muestran como en ocasiones el temor que se siente
es mayor que la probabilidad objetiva que tienen de ser víctimas de la
delincuencia.
Esto
queda demostrado en varios análisis de población y revisiones de textos
científicos realizados por César San Juan y Laura Vozmediano, en los que se
aprecia que incluso cuando la tasa de delincuencia objetiva disminuye en un
barrio o ciudad, existe una parte de la población en la que la percepción de
inseguridad y el miedo al delito aumentan.
En
varios artículos (Vozmediano, San Juan, y Vergara, 2007: p.3, 2008: p. 3;
Vozmediano, 2010:
p. 205) se pone como ejemplo de esto los resultados obtenidos de la Encuesta
Europea de Delito y Seguridad (EU ICS) del año 2005, en la que se estudia la
situación de 19 países europeos. Son numerosos los países en los que se aprecia
claramente esa diferencia entre la percepción de inseguridad subjetiva de los
ciudadanos y el riesgo objetivo de victimización.
En
España esa diferencia es notable ya que de los países que aparecen en el
estudio se encuentra en última posición en cuanto al nivel de la tasa objetiva
de delitos pero, por el contrario, aparece en sexta posición cuando se valora
el miedo al delito que experimentan sus habitantes. A nivel local sucede lo
mismo. Así lo corroboran estudios realizados en el País Vasco (Vozmediano,
2010) y en Barcelona.
La
combinación de diferentes niveles de delitos objetivos y de miedo al delito en
un tiempo y espacio definidos proporcionan cuatro escenarios posibles para los
ciudadanos (figura 1).
Figura 1. Escenarios posibles tras la combinación de
las tasas de delito objetivas y el miedo al delito
(Vozmediano, Vergara, San Juan, 2007: p.5)
En
la situación en la que la tasa de delitos es alta pero los ciudadanos no
experimentan altos niveles de temor se corre el riesgo de que estos sean poco
precavidos y tengan más posibilidades acabar siendo víctima por no tomar ningún
tipo de precaución.
Una
mayor intervención se requiere cuando ambos conceptos se encuentran en unos
varemos altos. Las autoridades deberían poner medidas para reducir la
delincuencia y que las personas pudieran sentirse más seguras, así como
enseñarles medidas a través de las cuales puedan reducir el riesgo de
convertirse en víctima.
Encontramos
que la situación ideal es aquella en el que tanto el miedo al delito como la
tasa de delincuencia objetiva son bajas.
Por
último, cuando la criminalidad es baja pero el miedo al delito es alto, es
necesaria la intervención de las instituciones y autoridades en una escala
local para tranquilizar a la población y explicarles la situación real en la
que viven, ya que un temor excesivo provoca una disminución de la calidad de
vida de las personas.
En
cuanto a los elementos que influyen en la aparición de la percepción de
inseguridad ciudadana se aprecia claramente la disparidad de opiniones al
observar las conclusiones extraídas de diversos estudios, elaborados por
especialistas en la materia, para
valorar si los factores personales afectan en el sentimiento de miedo al delito
y en qué medida lo hacen (Medina, J. 2003).
Algunas
investigaciones concluyen que, según el género, las mujeres son más propensas a
sentir miedo ante la posibilidad de ser víctimas de la delincuencia, lo que
algunos autores atribuyen a delitos como la agresión sexual. Otras afirman que
si se tiene en cuenta la edad, son las personas mayores las que más padecen
este temor. Sin embargo, otros estudios son opuestos a estas conclusiones, ya
que muestran que en algunos casos estos grupos sociales tienen ese sentimiento
en un grado menor y que, incluso, se ven emocionalmente menos afectados frente
al delito.
Para
algunos autores la clase social o considerarse de una etnia minoritaria son
también factores importantes a tener en cuenta, mientras que otros los
interpretan como elementos que provocan que los ciudadanos se sientan más
vulnerables y con mayores posibilidades de ser víctimas de un delito.
Pero
esto no siempre se corresponde con la vulnerabilidad objetiva, aunque ambos
factores se utilizan en la medición de la “percepción del riesgo de
victimización” (Medina, 2003, p.4 cit. at. Warr, 1987). Esta teoría viene a
explicar que aquellos ciudadanos que perciben que tienen un alto riesgo de
victimización experimentarán, en consecuencia, un mayor miedo al delito, aunque
esto no implica que realmente tengan mayor riesgo de sufrir algún tipo de
ataque.
A
esto hay que añadir otros factores que aumentan el sentimiento de
vulnerabilidad de una persona. Padecer una enfermedad, tener una condición
física débil, sentirse con poca capacidad para defenderse, haber sido víctima
de algún acto delictivo o que alguien cercano lo haya sido, son factores que
propician que una persona se sienta más desprotegida frente a posibles delitos
y, por consiguiente, sea más temerosa ante la posibilidad de convertirse en
víctima.
Pero
los elementos personales no son los únicos que influyen en la percepción de
inseguridad ciudadana. Las características sociales y físicas del entorno en el
que se encuentra una persona también influyen en el sentimiento que provocan. Circular
por un barrio en el que se ven pintadas, fachadas descuidadas y mobiliario de
la vía pública en mal estado supone un aumento el miedo que padecen los
transeúntes.
Lo
mismo sucede cuando algún ciudadano observa conductas incívicas en otras
personas en determinadas zonas de la ciudad. Los comportamientos realizados en
lugares públicos que no se consideran habituales o normales generan la imagen
de descontrol social, provocando un aumento del temor a convertirse en víctima.
Son
numerosos los autores que apoyan la teoría de que el miedo al delito provoca terribles
consecuencias para los ciudadanos, tanto a nivel individual como en sus
relaciones sociales, llegando incluso a provocar cambios conductuales o en la
vida cotidiana. Medina (2003) en una revisión de la literatura científica,
sustenta dicha opinión basándose en estudios y teorías previas.
“El miedo al delito actúa como un agente
catalizador que genera conductas que pueden ser muy destructivas para la vida
comunitaria y social, fracturando el sentimiento de comunidad y transformando
algunos espacios públicos en áreas que nadie desea visitar” (Medina, 2003, p.3
cit. at. Lewis y Salem, 1986).
Esto
puede convertirse en un bucle que perjudica cada vez más la imagen de un barrio
o una zona determinada de una ciudad de cara al resto de ciudadanos, así como
puede propiciar un aumento del miedo de quienes residen en él o lo visitan.
Además, se crean prejuicios hacia los vecinos de dichas zonas, lo que en
ocasiones conlleva una marginación o aislamiento por parte del resto de la
población.
Fenómeno urbano.
Dada
la forma en la que el miedo al delito afecta a los individuos y que se
manifiesta de manera más habitual en las ciudades, como apoya la literatura
científica, este temor se considera un fenómeno urbano (Medina, 2003;
Vozmediano, 2010; Vozmediano, San Juan, Vergara, 2007).
Que
la percepción subjetiva de inseguridad se sienta en menor medida entre los
habitantes de áreas rurales puede deberse a la tradición de una mayor relación
y confianza entre sus vecinos. Hasta hace apenas unos años, era habitual ir
paseando por las calles de los pueblos y encontrarse que las puertas de las
casas estaban abiertas. Incluso hoy en día se sigue produciendo, aunque la
desconfianza ha aumentado, en parte provocada por el aumento de la urbanización
y por la llegada de inmigrantes que se trasladan a estas zonas a buscar trabajo
en el campo.
En
las urbes son múltiples los elementos que afectan en este proceso. El ritmo de
vida más ajetreado, un número mayor de habitantes y una mayor distancia en las
relaciones personales provoca que no sea muy habitual conocer a todos los
miembros que componen el vecindario, quitando a los del edificio en el que está
situada la vivienda o un círculo un poco más amplio si se vive en una
urbanización. Es por ello que el nivel de confianza en las personas del propio
entorno es menor que en las zonas rurales.
Pero
no solo las relaciones sociales influyen en este sentimiento de inseguridad. El
aspecto físico de las ciudades también juega un papel fundamental. Como se ha
dicho anteriormente, la apariencia física de edificios y calles tiene gran
impacto en la percepción de seguridad y el miedo al delito. Un entorno
descuidado y maltratado puede dar la sensación de abandono tanto por parte de
las personas que residen en él como por parte de las instituciones gobernantes
de la ciudad. Como consecuencia, estos núcleos se sumergen en una espiral de
desgaste estructural y social que potencia este temor.
Todo
esto implica que la gente lleve a cabo lo que se conoce como “conductas de
autoprotección”. Esto se refiere a los comportamiento que se realizan como
consecuencia del temor a ser víctima de un delito. En algunos casos estos actos
provocan que se proceda con actitudes extremas que perjudican gravemente a la
calidad de vida.
Vozmediano
justifica de esta manera la necesidad de atajar la aparición del miedo al
delito entre los ciudadanos para mejorar así las condiciones de vida y evitar
los efectos negativos que provoca este sentimiento:
“La posible merma en la calidad de vida y
el perjuicio en el acceso libre de todos los ciudadanos a los espacios
públicos, justifican la relevancia social de este objeto de estudio, y ponen de
relieve la necesidad de identificar e intervenir sobre los antecedentes del
miedo, como vía para la promoción de la calidad de vida urbana” (Vozmediano,
2010: p. 206).
Con
estas palabras intenta hacer visible la necesidad de persistir en el estudio de
porqué se produce, cómo se desarrolla y qué consecuencias tiene este temor
entre los ciudadanos, así como hacer una llamada de atención a las
instituciones y autoridades reclamando su colaboración para evitar que esto
suceda.
Conclusiones.
Con
la argumentación expuesta por los autores analizados, resulta evidente la
necesidad de profundizar en la investigación y metodología de estudios para
obtener las claves de cómo reducir la percepción de inseguridad y el miedo al
delito entre la población.
Resulta
sencillo encontrar ejemplos claros de todo lo explicado en nuestro entorno en
nuestro día a día. Esto sucede cuando los ciudadanos evitan pasar por zonas
consideradas marginales o que tienen una apariencia física deteriorada pensando
que así no serán un objetivo fácil para los delincuentes. Pero esto no es
cierto, ya que existen las mismas posibilidades de ser víctima en cualquier
entorno.
Esto
conlleva que se creen perjuicios falsos e innecesarios sobre las personas que
residen en estas zonas, ya que porque carezcan de recursos suficientes para
poder vivir en otras áreas, no implica que sean delincuentes o descuiden el
entorno en el que viven. Hasta en las mejores zonas de las ciudades puede
observarse el rastro de actos vandálicos, que rápidamente los ayuntamientos
‘limpian’ e intentar erradicar para mantener la ‘buena imagen’ de la ciudad de
cara al turismo y el beneficio económico de la urbe, lo que no ocurre en los barrios
más perjudicados y peor considerados.
Es
habitual que la percepción de inseguridad que tienen los ciudadanos no se
corresponda con la tasa de delitos objetiva, por ello consideramos que las
instituciones y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, que tienen en su
posesión los datos reales, deberían informar a la sociedad para reducir este
temor y mejorar con ello su calidad de vida.
Bibliografía.
Ferraro,
K.F. (1995). “Fear or cime: Interpreting Victimization Risk”. Albany, NY. State
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Medina,
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Serrano, A. y Vázquez, C. (2007). “Tendencias de la
criminalidad y percepción social de la inseguridad ciudadana en España y la
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Vozmediano,
L. (2010). “Percepción de inseguridad y conductas de autoprotección: propuestas
para una medición contextualizada del miedo al delito”. Eguzkilore.
Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología. San Sebastián. Universidad
del País Vasco. Nº 24, diciembre de 2010. P. 203-237.
Recuperado
el 10 de marzo de 2015 de:
http://www.ehu.eus/documents/1736829/2176981/14-VOZMEDIANO.pdf
Vozmediano,
L., San Juan, C. y Vergara, A.I. (2007). “El estudio científico del miedo al
delito: algunas reflexiones sobre un fenómeno urbano, mediático y político”. International e-journal of criminal sciences.
Art. 1, nº 1.
Vozmediado,
L., San Juan, C. y Vergara, A.I. (2008). “Problemas de medición del miedo al
delito. Algunas respuestas teóricas y técnicas”. Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología 10-07. ISSN
1695-0194.
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