#Lectura 3: Cuando los ciudadanos conocen
mejor la respuesta
Por Míriam Garví
Si aquéllos que hacen las leyes, se
preocuparan más y mejor de aquéllos que han errado, o lo harán, quizá
estaríamos hablando de supuestos reales, y no de la mera opinión de los
ciudadanos. Si hemos comprobado durante años, incluso siglos, que las medidas
adoptadas no consiguen erradicar la reincidencia, ¿no es posible que algo
falle? ¿Por qué tanta ceguera ante un problema real? Quizá sea tan simple como
que no quieren saber. Es más fácil encerrar aquello que no queremos ver donde
no moleste, donde no ensucie nuestra imagen.
Sin embargo, desde las calles, se reivindican
nuevos métodos, maneras distintas de atajar los problemas que tan bien conocen.
Se piden alternativas para los jóvenes, menos castigo, más prevención, y ante
todo, se anhela un cambio: del internamiento a la reinserción, a la reforma
personal, a las oportunidades reales. Mayor inversión en educación, en empleo
juvenil, y de esta forma tal vez tendremos menos presos a los que mantener.
En el estudio realizado por Esther Fernández
Molina y Pilar Tarancón Gómez, llevado a cabo en la ciudad de Albacete con la
colaboración de la Universidad de Castilla-La Mancha, se refleja mediante una
trabajada encuesta en algunas de las calles más conocidas de la capital cómo piensan
algunos de mis vecinos, y lo cierto es que he encontrado poca sorpresa en sus
respuestas. Si bien es cierto que el trabajo de campo ofrece unos claros
resultados de interesante conclusión, me habría gustado conocer la opinión de
algunos de los barrios más marginales de la ciudad, como “Las 600” o “El Congo”,
para conocer la opinión de algunos de los vecinos más afectados por el problema
de los delitos juveniles.
Quien imponga las penas, debería proponer en
su caso una infraestructura capaz de reformar las aspiraciones delictivas del
sospechoso. Debería enlazar su castigo a una buena reeducación capaz de poner
en libertad, llegada la hora, a un hombre, que deje atrás las ansias de
venganza de aquél que es privado de su vida, y le de los medios y herramientas
que posibiliten su reinserción plena en una sociedad de la que es miembro por
derecho.
Y, como opina una gran parte de los
albaceteños, sea capaz de utilizar el castigo para un bien individual y social,
la reinserción y no la represión.
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