Las
campañas orientadas a la prevención de los malos tratos tienen como objetivo
fundamental evitar que se produzcan o se desencadenen determinadas situaciones
mediante la educación, la reflexión, la ruptura de creencias y mitos, así como
la promoción de la equidad entre los sexos en todos los ámbitos. El problema es
que algunas campañas presentan una divergencia significativa entre los
objetivos pro-sociales y de bienestar que pretenden conseguir y las vías de
procurarlos para que resulten efectivas. Esto, podría relacionarse, a veces con
la orientación ideológica que vendría a informar la campaña, es decir, el
publicista que planifica la campaña, puede ser un cualificado experto en las
claves comunicativas pero puede que no tenga en cuenta la complejidad de los fenómenos
criminales. El resultado de ello, puede desembocar en campañas fallidas que no
consiguen los resultados deseados.
A
modo de ejemplo, la campaña “Es cosa de chicas”, dirigida a erradicar
inhibiciones culturales contrarias a la incorporación profesional de las
mujeres jóvenes en el sector de la investigación, se realizó con un
controvertido vídeo donde aparecían chicas con minifaldas, gafas de fantasía,
tacones vertiginosos y brillantes pintalabios y junto a ellas, aparecía un
complacido científico abrumado por el palmito de sus nuevas compañeras de
laboratorio.
Las
campañas preventivas deben lanzar un mensaje serio y cuidadosamente meditado
previamente para evitar repercusiones negativas. El vídeo de la campaña
mencionada fue retirado a las pocas horas por la oleada de denuncias que
surgieron y porque evidentemente se hacía de todo menos apoyar la incorporación
profesional de las mujeres en el sector de la investigación.
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