martes, 16 de junio de 2015

Perfilación criminal. Televisión y cine como herramienta de conocimiento.

1. Introducción 

Cada vez se le está dando más importancia a la elaboración de perfiles criminológicos como herramienta para la investigación de crímenes. Y es que, por ejemplo, los psicópatas realmente juegan con una ventaja y es que casi siempre que deciden cometer un crimen, lo consiguen. Ellos no tienen miedo -esa es su mejor arma- y el motivo de que eso mismo produzca en nosotros pavor y un gran desconcierto, puesto que no entendemos la razón por la que matan con esa frialdad. Lo que los distingue del resto es un agujero completamente vacío en la psique, donde deberían estar las funciones de humanización más desarrolladas. Su ausencia total del sentimiento de temor, remordimiento y empatía los convierten en máquinas de matar: planean, ejecutan y disfrutan rememorando su acto. 

En este estudio, lo que se pretende comprobar es la hipótesis de que la tarea de perfilación criminológica es percibida por los ciudadanos, ajenos a esta materia, sobre todo, a través de las series televisivas y las películas -que acercan a éstos al criminal profiling-. Cada vez más, estas producciones de género negro se fijan más minuciosamente en la labor del criminal profiler o perfilador criminal para sus trabajos, puesto que es una parte de la criminología realmente importante. 

Podríamos decir que la perfilación criminal no es algo general, sino un proceso que trata de reconstruir un comportamiento individual. Tampoco pretende dar el nombre y la identidad de un delincuente, sino que es una ayuda en la orientación de la investigación, en el interrogatorio de sospechosos, en el juicio para comprender la motivación del asesino y para la prevención de otros crímenes tras un primero. Como afirma Edmond Locard en La investigación criminal y el método científico, “es imposible que el delincuente actúe, y sobre todo con la intensidad que requiere cometer un crimen, sin dejar rastro de su presencia.”




2. Teoría


La Criminología, como ciencia del delito, requiere de la aplicación del método científico para alcanzar sus objetivos. Explicar las causas del delito para poder prevenirlo y controlarlo son solamente algunas de las metas de esta disciplina que, como ocurre en cualquier otra ciencia, requiere de la observación de los fenómenos de la realidad para hacer avanzar el conocimiento que, sobre el mismo, se tiene, más allá de las suposiciones provenientes de la lógica y del sentido común.

Edmon Locard, uno de los mejores criminalistas del S. XX expuso en sus estudios e investigaciones un principio básico para toda investigación criminal: cualquier persona u objeto que entre en contacto con otro objeto o persona en una escena del crimen deja algo característico en ella, de la misma manera que se lleva algo cuando se sale de la escena. Así pues, llevando esta afirmación al campo psicológico, podemos afirmar que desde el punto de vista de un perfilador, el delincuente siempre dejará una decisión, un acto y un significado en la escena del crimen, lo llamado “huellas del comportamiento o psicológicas”. Por lo que se abrirán las puertas al entendimiento de lo que ha querido decir el criminal con la ejecución del crimen.

Para toda investigación criminal es preciso entender al delincuente, y primero de todo, preguntarse qué tipo de persona ha hecho esto y cómo influirá psicológicamente lo ocurrido en éste, sobre todo en casos de sospecha de iniciantes criminales en el campo de los homicidios, para poder saber qué tipo de características une a la víctima con el delincuente y así saber el tipo de víctima “futura” o si se tratan de casos aleatorios y para realizar un perfil psicológico y así acercarnos al tipo de delincuente al que nos enfrentamos. Lo que nos dará ventaja a la hora de investigar futuros movimientos y posibles cambios psicológicos que pudieran influir en el patrón de movimientos y estilo de vida del delincuente.

Cada vez se le está dando más importancia a la realización de perfiles criminológicos como herramienta para la investigación de crímenes, puesto que basarnos sólo en hechos materiales (como el hallar pruebas físicas, huellas de zapatos, el arma etc) no nos ayuda a entender el  porqué de la comisión del delito, hecho sumamente importante en cuanto se quiere entender al delincuente para así realizar una mejor investigación, aún más cuando tratamos casos de asesinatos en serie y/o casos de criminales ocasionales.

Holmes y Holmes (2002), autores de la obra Profiling violent crimes (La perfilación de los delitos violentos), hablan de la técnica del perfil, definiéndola como “intento elaborado de proporcionar a los equipos de investigación la información específica en torno al tipo de individuo que ha cometido un cierto crimen”. Los mismos señalan que “cuando el investigador tiene ante sí un crimen en el que están ausentes los motivos habituales (como el lucro), un perfil puede ser el instrumento esencial para la resolución exitosa del caso”.

Paz Velasco de la Fuente, publicaba el mes pasado un artículo en la Worldnews en el que establecía una sencilla definición del Profiling, el Modus Operandi y la firma bajo el título de “Dime cómo matas, y te diré quién eres”:

2.1 Perfil criminal. Definición. 

El perfil criminológico es una técnica de investigación criminalística que busca descubrir, explicar y predecir las características socio-demográficas (edad, sexo, ocupación, raza, nivel socio-económico), criminológicas (carrera delictiva) y psicológicas (rasgos de personalidad, motivaciones, patrones conductuales) de la persona que ha cometido un delito y de la cual se desconoce su identidad, con el objeto de ofrecer información a la policía para su captura. Con esta finalidad, se estudia exhaustivamente la escena del crimen (donde se analizan los rastros del comportamiento o huellas psicológicas), las evidencias, indicios y huellas halladas en ella[4], se estudia a la víctima, los posibles testigos y toda la documentación relativa a los hechos, con el fin de establecer una hipótesis sobre la persona que cometió dicho delito. Por lo tanto se trata de una herramienta de ayuda a la investigación policial para delimitar las características del presunto asesino, creando un patrón. Robert K. Ressler define la perfilación criminal como “la elaboración de un mapa de la mente del asesino” y determina que si se consigue entrar en la mente de un criminal, se puede entender e incluso predecir su próximo asesinato.

Siguiendo a Garrido (2006), se trata de una estimación acerca de las características biográficas y del estilo de vida del responsable de una serie de crímenes graves y que aún no se ha identificado.

La perfilación criminal pretende delimitar las características del presunto culpable y así acotar las posibilidades de la investigación centrándose en blancos realistas. Esto es muy importante ya que cuando se trata de crímenes muy violentos y sobre todo asesinatos seriales, estos actos crean una gran alarma social y las posibilidades de que se que cometa un nuevo asesinato o un nuevo delito hacen necesario actuar con rapidez. Dicha técnica es aplicable sobre todo en los casos de asesinos en serie ya que la repetición es lo que permite determinar si existe una pauta, especialmente en los delitos de violación, homicidio, asesinato y piromanía ya que los datos que se obtienen de la escena del crimen y de las distintas víctimas permiten obtener información de gran calidad y muy útil sobre el delincuente desconocido que deben atrapar.

El objetivo principal de esta técnica es colaborar en la investigación de determinados delitos, aportando información de utilidad a la policía para la captura de un delincuente desconocido. Asimismo intenta separar a los delincuentes de la población general, por lo que se constituye en uno o más de los instrumentos del proceso de la identificación individual de los mismos.

No obstante, el perfil tiene sus limitaciones, no es una ciencia exacta, está basada en el análisis de la huella psicológica que el asesino deja en sus crímenes y en datos estadísticos recolectado de otros casos y de los datos teóricos aportados por la psicología y la criminología. Estamos por tanto hablando de probabilidades. En palabras de Ressler (2005), las personas que realizan un perfil buscan patrones e intentan encontrar las características del probable autor, se usa el razonamiento analítico y lógico, “qué” más “por qué” igual a “quién”.

  2.2 Ámbitos de aplicación del perfil criminológico

Generalmente, el uso del perfil criminológico se restringe generalmente a crímenes importantes tales como homicidios y violaciones. Como mencionamos anteriormente, las características de estos hechos hace que la policía deba trabajar a contrarreloj para resolver estos casos. Cuando se trabajan en homicidios donde el culpable es un desconocido para la víctima, el perfil puede ayudar a dar luz sobre el crimen y encaminar a la policía en sus investigaciones.

Cuando se quiere evaluar la posibilidad de relacionar varios homicidios, realizar un perfil sobre el autor de los asesinatos puede ayudar a determinar si estamos ante un asesino en serie o ante asesinos inconexos.

En otras ocasiones, el perfil ayuda a conocer ante qué tipo de personas nos enfrentamos y éste arma puede usarse antes de su captura, provocando por ejemplo al agresor en los medios de comunicación, y después de su captura, preparando los interrogatorios.

Otro ámbito de aplicación del perfil es su función teórica, en cuanto a que el análisis y evaluación de casos sirven para aumentar el conocimiento que se tiene sobre la propia técnica y sobre el hecho criminal.

2.3 Tipos de perfiles criminales 

  • Perfil de agresores conocidos o método inductivo

Este método se basa en el estudio de casos para, a partir de ellos, extraer patrones de conductas característicos de esos agresores. Se desarrolla básicamente en el ámbito carcelario, mediante entrevistas estructuradas o semiestructuradas, aunque también se suele usar como fuente de información las investigaciones policiales y judiciales. El estudio de presos se complementa con entrevistas a personal carcelario a su cargo, así como parientes y cualquier persona que pueda dar información relevante respecto a esta persona.

Ressler, dentro del proyecto de Investigación de la Personalidad criminal (PIPC) entrevistó, junto a colaboradores, a cientos de criminales violentos por todas las cárceles de EE.UU. Según su experiencia, las entrevistas a criminales solo tienen valor si aportan información útil para la policía sobre su personalidad y sus acciones. Para ello, el entrevistador debe ganarse la confianza y el respeto del entrevistado. (Ressler, 2006). Una característica a tener en cuenta a la hora de elegir a los entrevistados es que ninguno de ellos pueda ganar nada por el hecho de participar en las entrevistas, ya que esto podría sesgar sus respuestas.

  • Perfil de agresores desconocidos o método deductivo

Este método se basa en el análisis de la escena del crimen en cuanto a sus evidencias psicológicas para que pueda inferirse el perfil del autor de ese crimen. En este método se intenta pasar de los datos generales a los particulares de un único individuo. Para ellos se analiza la escena del crimen, la victimología, pruebas forenses, características geográficas, emocionales y motivacionales del agresor. Para la realización de este perfil se tiene en cuenta los datos aportados por el método inductivo. Para ejemplificar este método tomamos un perfil realizado por Ressler:

“ [...] la mayoría de los asesinos en serie son blanco, Danny vivía en un barrio blanco, si hubiera aparecido cualquier hombre negro, hispano o incluso asiático, muy probablemente habrían notado su presencia. Pensé que el asesino no era joven porque el asesinato tenía un carácter experimental y porque el cuerpo había sido abandonado a poca distancia de un camino, elementos que indicaban que se trataba de un primer asesinato...El abandono del cuerpo justo al lado de un camino transitado sugiere que el asesino quizá no tenía la fuerza física suficiente para llevar el cuerpo más lejos [...]" (Ressler, 2006).

2.4 Metodología del perfil 

Para la elaboración de un perfil criminal es necesario el análisis y evaluación de estas fuentes: escena del crimen, perfil geográfico, modus operandi y firma del asesino y victimología.

  • Escena del crimen.

La escena del crimen es, como su nombre indica, el lugar que el asesino ha elegido para matar a su víctima. Las escenas pueden ser varias si el asesino ha usado varios lugares desde que atrapa su víctima hasta que la deja. Puede atraparla en un sitio, torturarla en un segundo, matarla en un tercero y trasladarla a un cuarto para abandonarla allí. En cualquier caso, la escena principal es donde la muerte o agresión de mayor importancia y el resto son secundarias. Generalmente es en la primaria donde hay más transferencia entre el asesino y su víctima, por lo cual suele ser en la que hay más evidencias psicológicas y físicas. 

Es importante por esto la protección de la escena o escenas del crimen ya que cada pista puede ser clave, además, es necesario evaluar si ha habido una manipulación de dicha escena, lo que suele llamarse actos de precaución o conciencia forense (cuando elimina pruebas físicas).

  • Perfil geográfico.

Este perfil describe el aspecto geográfico donde se desenvuelve el delincuente, sus escenas del crimen, los puntos geográficos de esos crímenes, sus desplazamientos, el terreno en el que actúa, zona de riesgo, base de operaciones. Este perfil nos dice mucho del mapa mental del criminal, que es la descripción que el delincuente tiene en su cabeza de las zonas geográficas en las que se desenvuelve en su vida. Su casa, su calle, su barrio, su ciudad están descritos en la mente del criminal en función de las experiencias que ha tenido con cada uno de esos lugares, nos describe su zona de confianza, su territorio, las zonas de influencia, cómo se mueve y se desplaza por ellas. La comprensión de estos datos nos puede dar información de en qué zona vive, dónde debemos buscarlo y dónde puede actuar.

Como cualquier depredador, éste ataca a sus víctimas en el territorio en el que se sienta seguro, su presa tenga menos posibilidades y pueda huir si es necesario. Como cualquier persona, las conductas que requieren intimidad o que pueden provocar cierto estrés, son más fáciles de realizar en terreno conocido que en aquel desconocido que nos provoca inseguridad. Para el asesino en serie matar es su objetivo, pero no olvida su sentido de supervivencia que le hace tratar de evitar que le capturen. Por eso va a matar en aquellas zonas en las que se sienta cómoda. Este hecho puede desaparecer en determinado tipo de asesino en serie, en concreto en los desorganizados, en lo que su sed de muerte se produce por impulsos y no tiene tanto control sobre ese aspecto. Generalmente, su deterioro mental también hace que no planifique tanto sus crímenes. Por otro lado, ese deterioro mental hace que no sea capaz de desplazarse a grandes distancias para buscar a su víctimas ni para acabar con sus vidas, por lo que también actúa en su zona geográfica.

Muchos estudios se han hecho al respecto, de los cuales, la hipótesis del círculo de Canter ha sido la más fructífera. Corresponde a un estudio realizado con violadores en el que se encontró que entre el 50 y el 70 por ciento de ellos vivían en un área que podía ser delimitada por un círculo que uniese los dos lugares más alejados donde había actuado, muchos de ellos vivían en el mismo centro de ese círculo.

El estudio de casos ha mostrado que en la mayoría de los asesinos en serie, sus primeros actos se realizan cerca del lugar donde reside o trabaja y posteriormente se van alejando a medida que van adquiriendo seguridad y confianza. Cuando decimos cerca del lugar donde vives es una cercanía relativa ya que el asesino tampoco se va a exponer a ser reconocido actuando en lugares muy próximos a su hogar y en el que las posibles víctimas y testigos puedan conocerlo. Un tipo de asesino, el viajero, rompe esta regla en cuanto a que prefiere viajar lejos de su zona habitual de residencia para matar.

  • Modus operandi y firma.

El modus operandi es el método que usa el asesino para llevar a cabo su crimen, describe las técnicas y las decisiones que el asesino ha tenido que tomar. De esta evaluación sacamos información sobre cómo mata nuestro asesino y qué características psicológicas se pueden deducir de este método: planificador, inteligente, profesión que puede desarrollar, descuidado, perfeccionista, sádico...
El modus operandi, al contrario que la firma, puede variar a lo largo del tiempo puesto que, como habilidades, pueden aprenderse o evolucionar o degenerarse con los crímenes posteriores.

El modus operandi tiene naturaleza funcional. (Garrido, 2006) y tiene tres metas: proteger la identidad del delincuente, consumar con éxito la agresión y facilitar la huida.
Por lo que se refiere a la firma, ésta es el motivo del crimen, el por qué, refleja la razón por la que el asesino hace lo que hace. Nos da una información más profunda ya que nos presenta qué quiere decir con el crimen, y más psicológica puesto que nos habla de sus necesidades psicológicas. El asesino mantiene su firma estable a lo largo de su carrera criminal, por lo que, aunque cambie su modus operandi podemos relacionarlo por dicha firma.

Esto no quiere decir que físicamente la conducta o conductas que describen la firma del delincuente no puedan cambiar. El aspecto profundo de la firma no cambia, la ira, venganza, sadismo permanece inalterable pero la forma de plasmarla puede evolucionar, incrementar, disminuir o degenerarse en función del propio desarrollo de la motivación a la que representa.


  • Victimología.

La víctima tiene una importancia crucial puesto que es la protagonista del hecho criminal, presencia el crimen en primera persona, sobre ella recae el acto criminal y se representan el modus operandi y la firma del asesino.

Si la víctima sobrevive puede aportar mucha información de primera mano acerca de su agresor y de sus circunstancias, si ésta fallece es necesario realizar una autopsia psicológica. En esta autopsia se tratan de recoger varios aspectos personales y sociales de la víctima. Es necesario reunir una serie de información respecto a su domicilio, educación, estado civil, aficiones, situación económica, temores, hábitos, enfermedades, amistades, trabajo…

De toda esta información se desprende primariamente una clasificación de la víctima en cuanto al riesgo que suponen para ser agredidas. En este caso hablamos de víctimas de bajo y del alto riesgo (Ressler 2005). Como es lógico, las víctimas de alto riesgo tienen una mayor probabilidad de ser atacadas y además de no suponer muchos problemas para sus atacantes.

Por otra parte, el estudio y análisis de la víctima nos da información de cómo su asesino se relaciona con sus víctimas, lo que nos proporciona una huella psicológica importante para realizar el perfil. En un crimen hay dos protagonistas, el asesino y su víctima, entre ellos hay una relación, el asesino usa a la víctima para narrar su historia, para satisfacer sus fantasías personales pero también para dejar constancia de su relación con el mundo. Y es en esta relación donde se refleja más su personalidad.

2.5 Modus operandi. ¿Cómo se comete el crimen?

Al llegar a la escena del crimen es importantísimo analizar el modus operandi, así como la firma del delincuente. Con ambos términos nos estamos refiriendo a la “evidencia conductual" del hecho delictivo. Juan Enrique Soto, Jefe de la sección de Análisis de la conducta de la Policía Nacional nos dice que “las evidencias físicas pueden eliminarse, las conductuales no”.

Modus operandi es un término latino que significa “método o forma de operar”. Se refiere a la manera o método que ha usado el asesino para cometer su crimen, es decir las acciones y conductas que el autor o sujeto activo ha utilizado para consumar el delito.  De su estudio sacamos información sobre como mata ese asesino y observamos las características psicológicas que se pueden deducir de su forma de matar. El modus operandi por lo tanto responde a la pregunta de ¿cómo se ha cometido el crimen?.

La característica distintiva del modus operandi respecto a la firma (o sello personal) se basa en que todos los actos realizados por el asesino son necesarios para que se consiga el objetivo de la acción criminal, que es la muerte de la víctima. Sin embargo la firma está compuesta por un conjunto de conductas que nos hablan de la motivación final por la que dicho asesino comete ese acto, mostrando las necesidades psicológicas o emocionales que pretende satisfacer con ese asesinato o crimen.  Por lo tanto la firma responde a la pregunta ¿Por qué se mata?.

A diferencia de la firma, el modus operandi puede cambiar con el tiempo ya que es dinámico y evoluciona por la influencia del aprendizaje, de la experiencia  y las habilidades que el asesino o agresor va adquiriendo (se va perfeccionando) o bien puede cambiar porque el asesino busca emociones más fuertes, o simplemente cambia para protegerse y mejorar su seguridad exponiéndose menos a la policía o incluso para atenuar o aumentar el dolor de la víctima. Sin embargo en otros casos el asesino serial mantiene su modus operandi en el tiempo, como el caso del Ángel de la muerte Harold Shipman. No obstante el modus operandi también puede involucionar debido al deterioro mental, al uso de drogas o por un exceso de confianza en sí mismo de que no lograran atraparlo, puesto que este exceso de confianza puede llevarle a cometer errores.

A la hora de elaborar el perfil criminológico, el análisis del modus operandi y de la firma es fundamental puesto que nos puede dar mucha información de ese asesino desconocido que buscamos, ya que nos ha dejado elementos visibles en la escena del crimen con los que trabajar y establecer el perfil de personalidad del autor.

¿Qué información nos da por lo tanto, el estudio detallado del modus operandi?:

  • Nos indica qué momento del día elige el asesino para atacar a sus víctimas.
  • Su forma de matar nos muestra si se trata de una persona perfeccionista.
  • Cómo se ha aproximado a la víctima, si mediante el engaño, o mediante la oportunidad. Por poner un ejemplo que todos conocemos, recordemos que Ted Bundy, fingía tener el brazo roto para así pedir ayuda a sus víctimas, poder atacarlas y meterlas en su coche. Por analogía, en la película El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) hay una escena en la que el asesino apodado por el FBI “Buffalo Bill” también pide ayuda a una joven, para meter un sofá en una furgoneta, fingiendo tener el brazo roto.
  • Si es planificador y organizado. Jeffrey Dahmer era sumamente metódico. Se desplazaba a lugares de ambiente gay y ofrecía dinero a sus posibles víctimas para llevarlas a su apartamento. Allí drogaba a los muchachos y los mataba.
  • Qué zonas prefiere para abordar y atacar a la víctima: una zona solitaria, parking, vivienda de la víctimas, un coche o en el caso de Andrei Romanovich Chikatilo las estaciones de tren, etc.
  • Podemos conocer sus habilidades, su profesión o si es especialista en un determinado conocimiento o materia. Esto fue muy importante para realizar el perfil criminal del conocido George Metesky o Mad Bomber quien desde 1940 y durante 17 años puso un total de 37 artefactos explosivos caseros en distintos lugares de Nueva York.
  • Cómo ha accedido a la escena del crimen y cómo se ha marchado de ella.
  • Cuánto tiempo ha empleado en cometer la agresión o el delito, lo que nos puede indicar si es un sádico o si por el contrario mata de un modo rápido.
  • Si ha utilizado elementos para evitar ser reconocido por la víctima (llevar una máscara, vendar los ojos de la víctima, uso de capucha, preservativos) o bien para evitar ser capturado por la policía (guantes, evitar las cámaras de seguridad). Estos actos son una consecuencia de la evolución del modus operandi y se denominan actos de precaución.
  • Si es posible que existiera una relación entre el agresor y la víctima, si se trata de una víctima elegida al azar o si se trata de un tipo de víctima con el mismo perfil.
  • Nivel intelectual del agresor.
  • Arma utilizada y la fuerza necesaria para controlar a la víctima.

El modus operandi, según Vicente Garrido tiene tres metas: proteger la identidad del delincuente, consumar con éxito la agresión y facilitar su huída.

2.6 La firma del asesino en serie. ¿Por qué mata?

En determinadas escenas del crimen, es de vital importancia centrarse en el análisis de las evidencias psicológicas o conductuales, ya que ambas son vestigios que reflejan  el modo en el que el asesino cometió sus delitos. La utilidad de estas evidencias radica en su permanencia en el lugar de los hechos puesto que las pruebas físicas pueden desaparecer con el tiempo, pero es imposible eliminar un rastro conductual. Sin embargo no olvidemos que nos encontramos con un gran inconveniente: la evidencia conductual carece de valor probatorio en los tribunales.

La firma (o sello personal) puede definirse como todas aquellas conductas y actos accesorios al asesinato, que no son necesarios para matar y que nos hablan de la motivación final, del porqué se ha cometido ese crimen. Refleja las necesidades psicológicas o emocionales que el criminal pretende satisfacer con la realización de sus crímenes, siendo por lo tanto un reflejo conductual de su fantasía. Es más estable que el modus operandi que ya hemos visto que puede cambiar, y aunque su modo de presentación puede variar, las necesidades que se cubren con ella se mantienen constantes. Debido a la menor variación de la firma y que se considera un componente más personal e individualizador de ese criminal, la firma es un instrumento muy útil para la vinculación sobre todo de casos seriales que pueden ser de la autoría de un mismo sujeto. Podremos encontrarnos con tantas firmas distintas como asesinos existen, aunque es cierto que algunas son similares, lo que permite al perfilador encuadrar al agresor en una tipología concreta.

El problema del perfilador radica en distinguir si la conducta llevada a cabo es parte del modus operandi o de la firma, ya que una misma conducta en un criminal puede ser parte de su modus operandi y en otro puede ser parte de su firma. Por ejemplo, en el caso de un agresor sexual, si el agresor cubre la cara de la víctima con una camiseta durante la violación, puede ser debido a un deseo psicológico de fantasear con el hecho de que la víctima realmente es otra persona. Esto sería una conducta de la firma. En el caso de otro agresor diferente, el hecho de cubrir la cara de la víctima puede deberse a la necesidad de evitar que esta le vea y le pueda reconocer e identificar a posteriori, de modo que estaríamos ante un acto de precaución del modus operandi.

Es importante resaltar que repetir una misma conducta en distintos crímenes no convierte a esa conducta en parte de la firma. Las conductas de la firma a veces son muy difíciles de distinguir de una conducta propia del modus operandi, por lo tanto es necesario un análisis detallado y meticuloso.

Las conductas de la firma suelen tener las siguientes características:

  • Suponen un tiempo extra para su desarrollo en la escena del crimen.
  • Esos actos no son necesarios para completar el crimen ni para matar.
  • Están relacionadas con expresiones de necesidad, emociones, sentimientos o fantasías.
  • Hay menos racionalidad, de modo que son más viscerales.
  • Suponen actos de comunicación entre el asesino y la víctima o entre el asesino y otras personas.

Para el Dr. Robert D. Keppel (1995) la firma del delincuente constituye una parte de la escena del crimen donde se recogen las expresiones de las fantasías del asesino, definiéndose como “el conjunto de acciones que no son necesarias para cometer el delito”.  Keppel considera que el autor de un crimen se siente psicológicamente forzado a dejar su firma (su tarjeta de visita) en la escena del crimen, a modo de impresión o huella. Determina que la firma es realmente lo que ayuda a vincular varios crímenes de autores desconocidos y no el modus operandi. Sostiene que el tema subyacente en el uso de la firma de un asesino es el control. Estos hombres son perdedores, que se sienten impotentes y que buscan el poder mediante el asesinato. La necesidad de sentirse mejor consigo mismos genera una compulsión de encontrar y controlar a las víctimas de un modo específico y ellos actúan dentro de la misma compulsión de manera repetitiva. Para Keppel son conductas de la firma:

  • Mutilaciones de partes del cuerpo.
  • El ensañamiento.
  • Dejar mensajes.
  • Realizar marcas profundas en el cadáver o grabar cosas en él.
  • Colocar el cuerpo de forma que comunique algo.
  • Realizar actividades post mortem.
  • Obligar a la víctima a que hable de un modo concreto.


3. Metodología y resultados

Para la realización del estudio se ha utilizado el método empírico de la encuesta1, que ha permitido llevar a cabo la comprobación de la hipótesis desarrollada anteriormente en este trabajo. Dicha encuesta cuenta con ocho preguntas para que el encuestado, sin obtención previa de información, diese una respuesta 100% fidedigna al grado de conocimiento que posee en la materia. La encuesta ha sido realizada a 56 personas obtenidas de la red de contactos propios de la red social Facebook que han querido someterse al test. 

Se han elaborado dos preguntas previas que nada tienen que ver con la materia pero que nos sirven para trazar un perfil demográfico del encuestado. Estas dos preguntas son edad y sexo. 

Las siguientes seis preguntas están elaboradas respecto a la materia del profiling. En primer lugar, se pregunta si sabe qué es el criminal profiling (perfilación criminal). Esta pregunta se hace con el fin de conocer qué grado de conocimiento previo tiene el encuestado antes de la realización del test. Seguidamente se le pregunta por el objeto de estudio del profiling, ofreciendo cuatro opciones, objetivo de la cual es también saber qué grado de conocimiento previo se tiene sobre la materia. Una vez realizadas esas preguntas, se le ofrece al encuestado dos series televisivas y dos películas en las que se reproduce la práctica del profiling para que éste nos diga cuáles de las cuatro conoce (pudiendo marcar más de una opción en esta quinta pregunta). Con el objetivo de saber si después de reconocer estas series y películas, el grado de conocimiento ha cambiado, volvemos a repetir la tercera pregunta que versa sobre el principal objeto de estudio. Finalmente, la última parte del test se compone de dos preguntas en las cuales se pregunta si anteriormente había escuchado hablar sobre el profiling y cómo lo ha descubierto. 

Tras la realización de la encuesta hemos obtenido unos resultados2, los cuales se muestran a continuación través de los siguientes gráficos.   




  
Como se puede observar en los gráficos3, de un total de 56 encuestados (siendo éste el 100%), un 77% han sido jóvenes de entre 18-24 años y ha predominado la mujer en un 63% frente al 38% de los hombres. Estos datos, como se ha mencionado anteriormente, han sido incluidos para trazar un perfil demográfico que se pueda tener en cuenta para el análisis de los resultados. 

A continuación, se profundiza en los datos de mayor relevancia para este estudio. 
De las personas que han realizado el test, 24 de ellas sabían -aunque algunos de ellos desconocían qué era el criminal profiling- que el objeto de estudio de esta materia era el asesino, pues al preguntarles por el objeto de estudio responden “asesino” y al repetirles la pregunta mantienen la respuesta4. Por el contrario hay personas que no sabían cuál era el objeto de la materia hasta repetirles la pregunta después de que contestasen a la de las producciones televisivas y cinematográficas (10 personas de 29 han cambiado su respuesta)5.  Dentro del primer grupo de personas,  13 de las 24, descubrieron la materia a través de series y películas6; mientras, en el segundo grupo de personas, 6 de 10 personas son las que lo descubrieron a través de éstas7. Además de estas 19 personas, existe un tercer grupo que son los que al preguntar nuevamente sobre el objeto, han contestado algo distinto a “asesino” pero por el contrario dicen haber descubierto la materia a través del cine y la televisión (10 personas). Esto último puede ser debido a una mala comprensión por parte del encuestado de la tarea que se pretende plasmar en este tipo de producciones. 

En cuanto a las producciones, la serie Mentes Criminales (Criminal Minds en su versión original) es la que más influencia tiene en los encuestados, seguido de El Mentalista (23%), El silencio de los corderos (17%) y El coleccionista de huesos (12%).  Este tipo de producciones cuentan con un 53% -a través de los cuales los encuestados han conocido la materia-, seguido de Internet (29%), otros -documentales, amigos, universidad- (12%) y libros (5%). 



4. Conclusiones

A través del cine el mundo ha observado sorprendido y atónito quién es y qué hace un perfilador criminal. ¿Quién no recuerda a  Clarice Starling y a Jack Craford tras los pasos del brutal asesino en serie, apodado por el propio FBI como “Buffalo Bill? A principios de la década de los noventa, los espectadores contuvieron la respiración  al ver por primera vez la fría y siniestra mirada del Dr. Hannibal Lecter, encerrado en una celda de un sanatorio mental bajo tierra en la película “El silencio de los corderos” (1991, Jonathan Demme). Fue a partir de esta película, cuando el mundo descubrió a los fríos e inteligentes asesinos en serie psicópatas y a su alter ego: los perfiladores que les dan caza. 

Como bien se ha mencionado anteriormente, los resultados podrían haber variado de haber sido otras las características demográficas de edad. Pero bien es cierto que, aunque hubiesen variado, la influencia del cine y la televisión en nuestro saber sobre el criminal profiling, ocupa un puesto significante, pues quién no hace alguna vez referencia a la famosa serie Mentes Criminales para hablar del comportamiento de un asesino. 

Este estudio comprueba la hipótesis de que la tarea de perfilación criminal es percibida por los ciudadanos, ajenos a esta materia, sobre todo, a través de las series televisivas y las películas; a la vez que resalta el importante papel de estas producciones como documentos sonoros didácticos que muestran al espectador uno de los procesos clave de la investigación criminal. 


5. Bibliografía 

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Keppel, R.D y Birnes, W.J. Serial Violence. Analysis of modus operandi and signature characteristics of killer. USA. 2009, Taylor and Francis group.

Quiñones Urquiza, M.L. Las huellas psicológicas y motivaciones del delincuente sexual.http://www.revistajuridicaonline.com.

GARRIDO GENOVES, V. Perfiles Criminales: Un recorrido por el lado oscuro del ser humano. Barcelona. Ariel, 2012.

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JIMENEZ SERRANO, J. Manual práctico de perfil criminológico: Criminal Profiling, Valladolid. Lex Nova, 2010.

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SÁNCHEZ, LUIS M. La firma en el criminal profiling. Quadernos de criminología número 20. Enero-marzo 2013. Valladolid.

Documental sobre el asesino en serie Cleophus Prince Jr. https://www.youtube.com/watch?v=ThArFQuxokk

RESSLER, R.K y SHACHTMAN, T. (2005). Asesinos en serie. Barcelona: Ariel.

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ABEIJÓN, Pilar. (2005). Asesinos en serie. Barcelona: Arcopress.

RAINE, A y SANMARTÍN J. (2006). Violencia y Psicopatía. Barcelona: Ariel.


6. Notas

1 La encuesta se anexa en el apartado “Anexos”.
 Los resultados se anexan en el apartado “Anexos”.
Las cantidades están redondeadas en la imagen, por lo que la suma puede dar superior a 100%.
4, 5, 6, y 7 Consultas anexadas en el apartado “Anexos”.

7. Anexos









Autores:

Emila Dybicz
Miriam Garví Martínez
Mariluz Hoyos Morant
Inma Sevilla Torres


















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