En
los Estados Unidos nos encontramos con una legislación que insta a
sus autoridades policiales a hacer públicas fotografías de los
delincuentes sexuales registrados dentro de sus fronteras. Cada
estado decide cómo ejecutarla y qué datos hace públicos (nombre,
fotografía, dirección, fecha del encarcelamiento y naturaleza del
delito). Estas informaciones son difundidas a través de páginas web
gubernamentales, periódicos y demás medios de comunicación. Nos
referimos a la Ley Megan. ¿Carece de ética esta ley? ¿Es justa? En
las siguientes líneas trataremos de explicar nuestro punto de vista.
La
Ley Megan tiene la finalidad de proporcionar un servicio de
información doble: en primer lugar sirve para tener un registro de
delincuentes sexuales y, en segunda instancia, notificarle a la
comunidad la existencia del delincuente. Pero cabría tener en cuenta
otros factores tales como la posibilidad de que los criminales tengan
familia –incluso hijos menores de edad—, el escaso beneficio que
pueda suponer a las víctimas y familiares dicha información, los
costes del servicio o el descartar una posible reinserción de las
personas que cometan los actos delictivos. Y no sólo estos aspectos
pueden influir en la opinión de lo innecesario de este servicio.
Claro ejemplo de ello es un estudio del año 2008 de la Ley de Nueva
Jersey que muestra que Megan es una ley sin efecto alguno en la
reducción de la comisión de los delitos, el número de víctimas,
además de añadir poca influencia sobre las comunidades donde se
aplicaba.
En
nuestra opinión la Ley Megan está bien porque ofrece mayor
seguridad a los ciudadanos y les hace sentirse más cómodos, dentro
de lo que cabe. Sin embargo, somos partidarios de que ofrecer la
identidad de personas que hayan cometido errores en su pasado no
ayuda para nada a su reinserción y puede ser negativo tanto para los
propios afectados como para sus familiares. Es por ello que, pese a
que tiene cosas positivas como hacer que los ciudadanos se sientan
más seguros, no apoyamos esta ley. Todas las personas tienen derecho
a enmendar sus errores y reconducir sus vidas y llevar una etiqueta
tan negativa y además tener que soportarla de manera permanente es
algo que no les ayuda. Está claro que muchos de ellos seguirán
siendo peligrosos y podrán reincidir pero siempre habrá una minoría
que quiera empezar de cero y no pueda. La seguridad es imprescindible
pero también lo es preservar la identidad y cada uno es libre de
contar al resto de la población lo que considere oportuno y no tener
que llevar colgado un cartel que te haga ser esclavo de tu pasado.
ALEXIS REIG MIRÓ
JOAQUÍN GARCÍA BARBERÁ
No hay comentarios:
Publicar un comentario